Quince muertos, balance final de una tragedia "anunciada" en Alemania
A quince muertos, entre ellos doce niños y adolescentes, asciende el último balance del derrumbe del pabellón deportivo de Bad Reichenhall, una tragedia en los Alpes bávaros que probablemente hubiera evitado una inspección técnica del edificio.
A quince muertos, entre ellos doce niños y adolescentes, asciende el último balance del derrumbe del pabellón deportivo de Bad Reichenhall, una tragedia en los Alpes bávaros que probablemente hubiera evitado una inspección técnica del edificio. La recuperación, la madrugada pasada, del cadáver de la última desaparecida, una mujer de 40 años, confirmó lo que en los últimos dos días se daba por seguro: que no podía haber supervivientes entre los sepultados sobre la pista de hielo. En el hospital siguen ingresados quince heridos de diversa consideración, aunque todos fuera de peligro, del total de 38 personas atendidas después del derrumbe, ocurrido el pasado lunes. Los servicios de ayuda espiritual y psicológica han tenido que atender tanto a quienes desde pocas horas después supieron que sus familiares o compañeros de la escuela estaban entre los muertos como a los que tuvieron que esperar hasta el final para tener la certeza de que los suyos tampoco habían sobrevivido. El concejal del distrito, Gregor Grabner, compareció una vez más ante la prensa para comunicar la noticia de la previsiblemente última víctima mortal y dijo que los trabajos de desescombro continuarán con ciertas precauciones, puesto que no puede descartarse que quede alguien cuya presencia no se registró. Casi simultáneamente, el alcalde de la población bávara, Wolfgang Heitmeier, insistía en que el techo no amenazaba derrumbe, pese a lo que aseguraban algunos vecinos. Se apuntaló en un informe pericial, elaborado en 2003 por encargo de su Ayuntamiento, según el cual tanto las vigas de madera como la estructura de acero y hormigón estaban en "buenas condiciones". Sí se habían detectado, sin embargo, manchas de humedad, así como problemas en el desagûe del techo. Según Heitmeier, tales déficit no afectaban la "calidad" de la estructura. Su opinión no es compartida por quienes todos estos días han recordado que los medios locales habían advertido desde meses atrás sobre la precariedad del recinto, unido a las observaciones de miembros de los equipos de hockey que entrenaban ahí, que habían alertado de manchas y goteras en las estructuras de madera. Heitmeier, con 18 años en el cargo, ha tenido que escuchar estos días los improperios del vecindario. Hasta hoy no presentó este informe pericial, para él exculpatorio, pero en el que otros ven muchas contradicciones. La fiscalía de Traunstein, capital del distrito judicial, abrió diligencias por sospechas de negligencia y de homicidio involuntario contra desconocidos, de acuerdo a la fórmula habitual de esos procesos. De formalizarse esa acusación ésta alcanzaría a buen seguro a la alcaldía por tratarse de un pabellón municipal. El caso de Bad Reichenhall no es él único, advirtió hoy el presidente de la Comisión de Deportes del Parlamento alemán, Peter Danckert. En todo el país puede haber otras "bombas de relojería", añadió el político socialdemócrata, quien apremió a destinar más fondos al saneamiento de las instalaciones deportivas del país. La tragedia de Bad Reichenhall ha puesto en evidencia la necesidad de que crear un gremio de peritaje que evalúe cuántos pabellones, piscinas y demás instalaciones públicas precisan un saneamiento, dijo Danckert. Para ello el Estado debería destinar una partida de 50 millones, según el parlamentario. Los deportistas tienen derecho a saber en qué "bombas de relojería" entrenan, insistió, y la tarea del Estado federal es asumir costes, vista la precariedad financiera de municipios y administraciones locales de los que dependen estos pabellones. El ministro de Obras Públicas, Wolfgang Tiefensee, ha instado a los responsables de los estados federados a implantar una especie de inspección técnica obligatoria en edificios públicos, de la misma manera que se hace con los vehículos y ascensores. Los responsables de los "laender" abordarán la posibilidad en su próxima reunión, a principios de febrero. A la espera de esa reunión, Danckert recordó que no debe jugarse con la seguridad del ciudadano común y que la búsqueda de soluciones no debe ser una "patata caliente" que pasa de mano en mano, en este caso del gobierno federal a los "laender" y de éstos a los ayuntamientos.




