Benjamín Netanyahu tratará de arrebatarle el gobierno a Sharón sin elecciones
El nuevo líder del Likud, Benjamín Netanyahu, dispone a partir de hoy de nueve días para lograr su objetivo de arrebatar el gobierno a Ariel Sharón, antes de que entre en vigor el decreto presidencial para la convocatoria de elecciones anticipadas.
El nuevo líder del Likud, Benjamín Netanyahu, dispone a partir de hoy de nueve días para lograr su objetivo de arrebatar el gobierno a Ariel Sharón, antes de que entre en vigor el decreto presidencial para la convocatoria de elecciones anticipadas. Netanyahu, que se ha impuesto en las primarias celebradas ayer con el 44,6 por ciento de los votos, anunció en su campaña que, de ser elegido, ordenaría a sus ministros que abandonen el Gobierno israelí de forma inmediata, a fin de crear una nueva coalición de 61 diputados y derrocar a Sharón por la vía legislativa. Anoche, tras conocerse los primeros resultados, los allegados del ex primer ministro comenzaban a hacer cuentas y buscar posible socios para esa coalición, que deberá tener el respaldo de 61 de los 120 diputados de la Knéset (Parlamento israelí). "Hay que frenar a Sharón y salvar la democracia, esta maniobraes completamente aceptable", dijo al diario Yediot Aharonot el presidente del Parlamento y seguidor de Netanyahu, Reuvén Rivlin. El objetivo, de dudosa ética política, es circunvalar el decreto presidencial del pasado 9 de diciembre que ordena la disolución del Parlamento, pero que deja abierta la posibilidad a que un nuevo candidato a primer ministro se ofrezca al jefe del Estado al frente de una coalición. La legislación israelí determina un plazo de 21 días desde la firma del decreto, por lo que el nuevo líder del Likud dispone a partir de hoy de sólo nueve días para hacerlo. Entre los posibles socios están quince diputados del partido anticlerical Shinui (Cambio), once del ultraortodoxo Shas, cinco del Judaísmo Unido de la Biblia, cuatro del Partido Religioso Sionista (PRN), seis de la ultraderechista Unión Nacional, y dos tránsfugas ultranacionalistas. Tampoco descartan en el Likud una alianza circunstancial con el Partido Laborista, que tiene 18 diputados. "Tanto Netanyahu como el Likud tienen un gran interés en apartar a Sharón del Gobierno y volver a la fecha original de las elecciones -en noviembre de 2006-, porque ello nos daría oxígeno (para preparar la campaña)", explicó un dirigente de ese partido desde el anonimato. Y es que las últimas encuestas prevén una sonada derrota de la formación nacionalista de celebrarse elecciones anticipadas el 28 de marzo, fecha fijada por el decreto presidencial. Un sondeo que publica hoy el diario Maariv y otro del Yediot Aharonot conceden al Likud sólo 13 escaños, al nuevo partido de Sharón, Kadima (Adelante), entre 39 y 42, y al Partido Laborista entre 21 y 22. En esas condiciones, los directores de campaña aconsejan a Netanyahu que trate de ganar tiempo para restaurar su debilitada imagen pública entre el electorado israelí, que aún le recuerda los escándalos y desmanes políticos durante su gestión como primer ministro entre 1996 y 1999. Además, ese margen de tiempo debilitaría la cohesión ideológica en las filas de Sharón, ya que Kadima está formado por militantes de posiciones políticas muy dispares. La dimisión de los cuatro ministros del Likud que aún quedan en el Gobierno -los otros siete son de Kadima- se puede producir en cualquier momento, aunque el nuevo líder nacionalista deberá antes pedir la aprobación de los organismos del partido. Analistas políticos explican que en la actual coyuntura política la formación de un nuevo gobierno depende única y exclusivamente de las encuestas y de la estrategia electoral de cada partido. Aquellos que se vean perjudicados por los sondeos y consideren, como el Likud, que necesitan más tiempo para preparar su campaña se sumarán a la iniciativa, ello, siempre y cuando nos les perjudique en el futuro, pues de cualquier forma 2006 es año electoral. Es el caso de Shinui y Shas, obstinados adversarios que podrían verse eclipsados por romper su promesa de no formar parte de un mismo gobierno, o del Likud y el Partido Laborista bajo su nuevo presidente, el sindicalista Amir Péretz, quien aboga por una doctrina económica y social diametralmente opuesta a la de Netanyahu.




