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Bush juró su segundo mandato en medio de protestas. En su discurso dijo que quiere ampliar la libertad mundial

El presidente George W. Bush afirmó ante unas 750.000 personas, tras jurar para un segundo mandato de cuatro años, que la tarea primordial de Estados Unidos es ampliar la libertad en el mundo para mejorar su propia seguridad. "Mientras haya regiones enteras del mundo fermentando resentimiento y tiranía.... la violencia se concentrará y multiplicará su poder destructivo", dijo.

La tranquilidad que se deriva del cumplimiento estricto del guión fue la nota dominante en la jornada de investidura en la que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, asumió hoy el cargo para un segundo mandato.
Ni el frío polar que se sumó a la nieve caída horas antes en la capital de EEUU, ni el impresionante dispositivo de seguridad puesto en marcha para la ocasión, disuadieron a las más de 750.000 personas que, enfundadas en abrigos, gorros y botas, se dieron cita en el parque central de Washington para "vivir la historia".
Unos celebraban, otros protestaban, pero todos estuvieron muy vigilados por los más de 6.000 policías y 7.000 militares que hoy velaron por la paz de esta jornada, de todo punto, histórica.
Rodeado de su familia -su esposa Laura y sus dos hijas gemelas, Barbara y Jenna, fueron testigos de excepción- Bush juró el cargo, como manda la tradición, justo al mediodía y desde las escalinatas del Capitolio engalanadas con cientos de banderas estadounidenses.
Sobre la misma biblia que utilizaran George Washington en 1879 y su propio padre, George Bush en 1989, George W. Bush juró solemnemente "respetar, defender y preservar" la Constitución de EEUU, "con la ayuda de Dios".
Inmediatamente después, el 43 presidente de EEUU pronunció su discurso de investidura, un texto en el que algunos han querido ver cierta inspiración kennediana, por su defensa de la libertad innata del hombre y la apelación a la contribución de los ciudadanos.
George W. Bush dejó pocas dudas de su intención de extender la libertad en todo el mundo para mejorar la seguridad EEUU y de todo el planeta. De hecho, ese fue el hilo conductor de su intervención.
Habló de que EEUU observará continuamente en los gobernantes de cada país "su elección moral entre opresión... y libertad", y afirmó que va a promover "la reforma en otros gobiernos" dejando claro que el éxito en sus relaciones con este país dependerá de que den "un trato decente a sus propios pueblos".
El 11-S, la mayor tragedia vivida en EEUU, estuvo ausente de su discurso y, tras afirmar que "nuestro deber será definido por la historia que hemos visto juntos", destacó que "la supervivencia de la libertad en nuestra tierra depende cada vez más del éxito de la libertad en otras tierras".
Expresó su convencimiento de que "mientras haya regiones enteras del mundo fermentando resentimiento y tiranía.... la violencia se concentrará y multiplicará su poder destructivo".
Si bien su alocución tuvo un tinte de esperanza en el futuro, Bush, fiel a su trayectoria, no dudó en recalcar que, aunque la búsqueda de la libertad y la seguridad "no es principalmente una tarea para las armas", EEUU se "defenderá y defenderemos también a nuestros amigos cuando sea necesario".
Estas palabras, que denotan su inquebrantable voluntad de perseguir a sus enemigos con todos los medios que EEUU tiene en su haber, resonaron con mayor fuerza entre las decenas de miles de estadounidenses que se dieron cita en Washington para protestar por la política "belicista" de Bush.
Con gritos de "paremos la guerra" y "llevémonos la Casa Blanca", los manifestantes se concentraron en diversos puntos de la ciudad para marchar hacia la ruta del desfile inaugural y abarrotaron algunos de los puntos de registro establecidos por la policía.
Entre los manifestantes contra Bush se mezclaban los que se definen "socialistas" con otros "punk", anarquistas, veteranos de Vietnam y hasta representantes de grupos religiosos que compartían la indignación porque, en sus propias palabras, el Gobierno "ha dicho mentiras en nuestro nombre".
Quizá por las protestas, o por el frío o por expresa recomendación del Servicio Secreto, Bush recorrió el trayecto entre el Capitolio y la Casa Blanca en automóvil. Tan sólo se bajó, junto con Laura, ya casi en las inmediaciones de la Casa Blanca, en territorio "amigo" y controlado, para saludar a sus seguidores.
Sin embargo, estas protestas, aunque pacíficas, llegaron incluso hasta las escalinatas del Capitolio, donde unos manifestantes desplegaron una pancarta contra la guerra y abuchearon brevemente a Bush al final de su discurso.
Esta, junto con los cientos de pancartas que se extendieron durante todo el desfile entre el Capitolio y la Casa Blanca, fueron probablemente la única protesta "visible" para el presidente durante una jornada en la que sus partidarios, llegados de todos los estados del país, celebraron por todo lo alto.
Durante el día, en Washington se vieron muchos visones, miles de sombreros tejanos y, por supuesto, muchas pancartas encontradas en las que se leía tanto "Orgullosos de que seas nuestro Presidente", como "Bush criminal de guerra".
Y es que la jornada de hoy fue, por supuesto, un claro exponente de la división que vive el país.

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