La cárcel de Sing Sing estrenó la silla eléctrica y ahora aspira a ser museo
La prisión neoyorquina de Sing Sing, la primera de Estados Unidos que estrenó la silla eléctrica, podría convertirse en un nuevo "gancho" para fomentar el turismo en este estado, siguiendo los pasos de Alcatraz en San Francisco
La prisión neoyorquina de Sing Sing, la primera de Estados Unidos que estrenó la silla eléctrica, podría convertirse en un nuevo "gancho" para fomentar el turismo en este estado, siguiendo los pasos de Alcatraz en San Francisco. Los dirigentes del condado de Westchester, en el que se ubica, a orillas del río Hudson y al norte de la ciudad de Nueva York, han presentado un proyecto para convertir parte del imponente centro penitenciario en museo. A su favor tiene que Sing Sing ha sido escenario de numerosos hitos en la historia carcelaria de EEUU que servirían como reclamo ideal para recibir a unos 150.000 turistas por año, según las estimaciones que se manejan en el proyecto. Entre los muros de este presidio, a 50 kilómetros de distancia de la Gran Manzana, fueron ejecutados Ethel y Julius Rosenberg, en 1953, después de ser condenados por vender secretos nucleares a la antigua Unión Soviética. Aquí también fue ajusticiado el caníbal Albert Fish, uno de los más célebres asesinos en serie de este país, a quien se conoció también como "El Vampiro de Brooklyn" y que declaró, poco antes de ser electrocutado, que iba a vivir "la suprema emoción de su vida". Los turistas que acudan al centro podrán conocer más detalles de personajes como éste, que reconoció haber cocinado y comido el cuerpo de una de sus víctimas, una niña de diez años. El presidio ha sido incluido en más de dos centenares de películas de Hollywood, entre ellas, "Angeles con cara sucia" (1938), con James Cagney como protagonista. El pueblo en el que se ubica se llamaba también Sing Sing, pero con el tiempo las autoridades locales decidieron cambiar el nombre por el de Ossining y así evitar a sus residentes cargar a sus espaldas con las historias macabras que alberga el presidio. Jerry Mulligan, encargado de Planificación Urbana en Westchester, explicó a EFE que harían falta 5,8 millones de dólares para acondicionar las instalaciones que acogerían a los visitantes y unos 800.000 dólares anuales para su mantenimiento. De prosperar el proyecto, se prevé que reporte beneficios de aproximadamente 20 millones de dólares anuales y crearía 257 puestos de trabajo, además de revitalizar la economía de todo el valle del Hudson. Las autoridades de Westchester han presentado una petición formal de fondos al estado, para ir adelante con su iniciativa y convertir a Sing Sing en "el Alcatraz del Este". Sin embargo, al contrario que en la famosa isla-cárcel que preside la bahía de San Francisco y que dejó de operar en 1963, en el presidio neoyorquino residen en la actualidad 1.745 reclusos, quienes, según los promotores, no verían su rutina alterada por la presencia de turistas. Los visitantes, no obstante, no podrían recorrer en su totalidad el recinto carcelario, aunque sí se les permitiría apreciar de cerca parte de los muros que construyeron los presos entre 1825 y 1828. Los impulsores del proyecto proponen que el edificio que albergaba la central de energía, que abastecía en el pasado a la prisión, se acondicione para mostrar objetos cargados de historia y, entre ellos, la silla eléctrica donde exhalaron su último aliento más de 600 personas entre 1891 y 1963. Transformar Sing Sing en museo es una idea que surgió hace tres años, después de que el gobernador George Pataki emplazara a los gobiernos locales a innovar fórmulas para fomentar el turismo. De hecho, el presidio fue ya toda una atracción turística en los años veinte, cuando contaba con unas 3.000 visitas al día. El turista que buscan los promotores, en primer lugar, es aquel que reside en áreas próximas; después el que pudiera venir desde otros estados y finalmente el extranjero, según explicó Mulligan. Además, confían en que, por estar a orillas del Hudson, el museo podría ser un atractivo más para numerosos usuarios de barcos de recreo que surcan esas aguas. "Las prisiones históricas son una de las principales atracciones turísticas en San Francisco, Dublín o Londres", aseguró el funcionario, y recordó como ejemplo que más de millón y medio de personas visitaron Alcatraz en 2000.



