La emigración en el mundo alcanza los 175 millones de personas
El número de personas que viven fuera de sus países de origen alcanza ya los 175 millones, el doble que en la década de 1970 y una cifra elevada que altera los parámetros económicos y sociales del mundo.
Nueva York - El número de personas que viven fuera de sus países de origen alcanza ya los 175 millones, el doble que en la década de 1970 y una cifra elevada que altera los parámetros económicos y sociales del mundo. Así consta en la "Encuesta Mundial Económica y Social 2004" publicada hoy por Naciones Unidas, y que supone uno de los estudios más exhaustivos y rigurosos sobre el comportamiento de los flujos migratorios. Desde los años 70, cuando 82 millones de personas vivían fuera de sus lugares de origen, la migración ha ido creciendo de manera acelerada hasta alcanzar los 100 millones de personas en los ochenta y los 155 millones en los 90. Ya en el año 2000, el último con datos disponibles, el volumen migratorio tocó los 175 millones de personas, y eso sin incluir a la inmigración ilegal, un fenómeno de difícil cuantificación y que podría elevar la cifra en un 20 por ciento, según estimaciones. Uno de cada 35 habitantes del mundo, asegura el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, vive fuera de su país de nacimiento, lo que está generando importantes cambios en la configuración económica, demográfica y social del planeta. Para empezar, de no ser por los flujos migratorios, los países más ricos se verían abocados a un descenso en su población, con lo que pasarían de los 1.200 millones de personas en el 2000 a 1.000 millones en el 2050, según cálculos de la ONU. Igualmente, la población de los países en vías de desarrollo crecería hasta los 3.000 millones de personas en el 2050, en lugar de los 2.800 millones que se estiman para esa fecha, teniendo en cuenta el factor migratorio. El informe deja claro que los emigrantes prefieren desplazarse a un país rico que a uno pobre, lo que supone una consideración lógica, pero relativamente reciente. En los años 60, de los 76 millones de emigrantes que se calculaban en el mundo, 32,1 millones vivían en países desarrollados, cifra inferior a los 43,8 millones que preferían buscar oportunidades en naciones en vías de desarrollo. El fenómeno de la migración tiene efectos económicos muy positivos tanto para los países de origen como para los de destino, según el informe. Uno de los factores a tener en cuenta son las aportaciones que los emigrantes hacen a los sistemas de pensiones de los países ricos que, de lo contrario, se verían abocados a la ruina por el envejecimiento de la población y el descenso de la población activa. Además, pese a los temores arraigados en algunos países acerca de la población inmigrante, los estudios de la ONU demuestran que no suponen una competencia laboral para los nativos, ni provocan un abaratamiento de los salarios. Más bien al contrario, provocan un incremento de la demanda de bienes y servicios en el país, lo que supone un estímulo para la economía. También salen beneficiados los países de origen de los emigrantes, que cada año reciben en remesas cerca de 79.000 millones de dólares, cifra que supera al total de la ayuda al desarrollo que destina la comunidad internacional. Además de los movimientos económicos y demográficos, la ONU alerta en su informe de otros fenómenos menos positivos que genera la migración, como es la "fuga de cerebros" de países pobres a ricos. Según el informe, en zonas como Asia o Latinoamérica, las personas que emigran de sus países han estudiado el doble de años que los que se quedan, mientras que en Africa este dato se triplica. Ello supone una pérdida de capacidad creativa y de innovación de los países en vías de desarrollo, además de no poder recuperar el dinero invertido en educar a las personas que dejan el país. En el caso de la India, por ejemplo, esto supuso en el año 2000 unos 700 millones de dólares.




