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La vida de un camello vale más que la del niño que lo monta

Miles de niños llegados del subcontinente indio y vendidos como esclavos trabajan cada año en los ricos países petroleros del Golfo montando camellos de carreras, y su propia vida vale menos que la de los animales.

Dubai - Miles de niños llegados del subcontinente indio y vendidos como esclavos trabajan cada año en los ricos países petroleros del Golfo montando camellos de carreras, y su propia vida vale menos que la de los animales.
Detrás de las carreras de camellos, una afición típica de los países petroleros de la Península Arábiga, se esconde una triste realidad: niños de entre tres y ocho años vendidos o secuestrados para montar los camellos de los acaudalados jeques.
Según dijo el activista de derechos humanos paquistaní, Ansar Burney, entre 8.000 y 10.000 niños trabajan como jinetes en los 17 "camellódromos" que hay sólo en los Emiratos Arabes Unidos, a los que pertenece Dubai.
Burney, presidente de la asociación Ansar Burney Welfare Trust International, que ha rescatado a decenas de niños de esta triste ocupación, asegura que unos 40.000 niños, la mayoría de Pakistán, India y Bangladesh, son utilizados como "jockeys" en las carreras de camellos no sólo en los EAU, sino también en Kuwait, Arabia Saudí, Omán, Qatar y Bahrein.
Estos niños son secuestrados, vendidos por sus familias o llevados a otro país bajo un falso pretexto por traficantes locales, que los venden a "agentes" por un valor de entre 1.400 y 10.000 dólares, dependiendo del peso, la edad y la complexión del niño.
Los "agentes" sirven de intermediarios a jeques o magnates para conseguir niños que, tras un entrenamiento de hasta ocho o nueve horas diarias, monten sus camellos en las carreras a cambio de una dieta muy pobre que busca mantener a los niños delgados para que el animal no note su carga.
Durante las carreras los pequeños son atados a los camellos con velcro para no caerse, pero en ocasiones resbalan durante la carrera y terminan atrapados entre las patas del animal, lo que ocasiona graves accidentes que pueden acabar con su vida, como ocurrió el pasado septiembre a un paquistaní de 4 años.
Si los niños sobreviven, a la edad de 12 años se considera que pesan demasiado para seguir como jinetes y son devueltos a sus países de origen, pero debido a su falta de escolarización y a los años de separación de sus familias, muchos de ellos terminan en casas de acogida o malviviendo en la calle.
La práctica llegó a ser tan extendida que el Gobierno emiratí emitió una ley en 1993 para exigir que los jinetes de camellos pesaran al menos 45 kilos, y en 2002 anunció la prohibición total de que los menores de 15 años participen en las carreras.
Sin embargo, basta darse una vuelta por el "camellódromo" del Club Al Sheba para ver niños de entre tres y ocho años, vestidos con pijamas y sucios chalecos mientras se ocupan de los mimados camellos.
El director del recinto, Humaid Ahmad Hareb, negó a EFE que se utilicen niños en las carreras y aseguró que hay personas de la asociación que inspeccionan los documentos de los jinetes para asegurarse de que no son menores, pero más tarde reconoció que "algunos jeques" utilizan a niños en las carreras, un asunto "que no nos concierne y compete a la policía".
Las carreras de camellos son muy populares entre las clases altas de los países del Golfo, y son un pasatiempo nacional como en otros países puede ser el fútbol.
Aunque las apuestas están prohibidas por el Islam, los ganadores -no los niños sino los dueños de los camellos-, reciben premios como coches de lujo.
La situación de los niños contrasta con la delicadeza con la que
se trata a los camellos, animales que son muy apreciados por los árabes -entre los que la riqueza se medía tradicionalmente por el número de camellos- y que pueden costar millones de dólares.
En Dubai se encuentra el único hospital para camellos del mundo, financiado por el gobierno del emirato.
El doctor Ahsan Al-Haq, veterinario del hospital, dijo que los camellos "se han convertido en animales de compañía; son el hobby de los jeques, que desarrollan afecto por estos animales".
Los camellos son tan apreciados en estos países que en 2002 se celebro un concurso de belleza en los Emiratos para encontrar al camello mas hermoso.
Recientemente, un ciudadano emiratí llegó a pagar 234.000 dólares a un bahriní por una hermosa camella muy prometedora en las carreras, siempre que la dirija un escuálido chavalín.

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