El escándalo Enron, un caso que parece una novela de intriga
Con un desarrollo tan trepidante como las novelas de John Le Carré, el escándalo de la empresa Enron sigue su imparable avance en la política estadounidense, aunque de momento con más preguntas que respuestas.
WASHINTON.---- Con un desarrollo tan trepidante como las novelas de John Le Carré, el escándalo de la empresa Enron sigue su imparable avance en la política estadounidense, aunque de momento con más preguntas que respuestas.El aparente suicidio de un ex vicepresidente, la inesperada renuncia de su máximo responsable y los constantes intentos de la Casa Blanca por desmarcarse se han sumado esta semana a esta intriga de poder y dinero a la que, por ahora, sólo le falta el ingrediente del sexo para parecerse a un enredo clásico de "best-seller".Podría decirse que, en este momento, la trama Enron se encuentra en uno de sus momentos más interesantes y algunos analistas estadounidenses opinan que, si se tratase de una serie de televisión, se encontraría en plenitud de temporada.Un "best-seller" sobre la caída en picado de esta empresa texana, que ha supuesto la mayor bancarrota en la historia del capitalismo, tendría a muchos personajes sospechosos en sus páginas hasta que los lectores pudiesen llegar a un desenlace que, por ahora, no se intuye.Hay políticos de altísimo nivel de los que se sospecha su implicación, flamantes ejecutivos acostumbrados a nóminas de cientos de miles de dólares que ya no sonríen, auditores que destruyen documentos cruciales y -lo más dramático- miles de empleados desesperados por haber perdido su trabajo y sus fondos de pensiones.Casi a diario, el caso Enron descubre nuevas revelaciones y acontecimientos que, según "The Washington Post", tienen todos los ingredientes del clásico escándalo de Washington: republicanos y demócratas afectados, citaciones judiciales a granel, periodistas muy inquisitivos, profusión de abogados y, sobre todo, dinero.El pasado 2 de diciembre, la empresa de comercialización de servicios energéticos Enron anunció su bancarrota, al hacerse insostenible ya la ocultación de sus fuertes pérdidas económicas, en la que aparentemente colaboró la auditora Arthur Andersen al destruir documentos cruciales.El Congreso, el Departamento de Justicia y la Comisión del Mercado de Valores investigan la estrepitosa quiebra de Enron, con un especial interés en el comportamiento de sus ejecutivos -que se enriquecieron vendiendo acciones mientras miles de empleados no sospechaban la grave situación de la compañía- y también de los auditores de Arthur Andersen.El caso Enron alcanzó el viernes tintes de drama, cuando uno de sus ex vicepresidentes, John Clifford Baxter, de 42 años, fue hallado muerto por un disparo en la cabeza en el interior de su coche en un barrio residencial de Houston (Texas), junto a una nota sobre su voluntad de quitarse la vida.Baxter, que había criticado los oscuros manejos de la empresa, fue uno de los ejecutivos que consiguió millones de dólares por la venta de las acciones de la compañía (35 millones) y figuraba en la lista de potenciales testigos que pensaban entrevistar los investigadores federales.Pero, ¿quienes son los posibles implicados políticos en este caso?, ¿quién ordenó, en último término, la destrucción de documentos? y ¿hubo uso de información privilegiada?Los demócratas dirigen especialmente sus dardos al vicepresidente de Estados Unidos, Richard Cheney, quien mantuvo al menos seis entrevistas con ejecutivos de la empresa de Texas y que intercedió por sus intereses ante el gobierno indio.Pero tampoco se salvan otros importantes representantes del gobierno estadounidense, como los secretarios del Ejército o del Tesoro, e incluso muchas de sus esposas, que perdieron miles de dólares con la bancarrota de Enron, cuyas acciones pasaron en apenas un año de costar 90 dólares a menos de un dólar.Entre las damnificadas se encuentran la mujer de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, y la suegra del presidente de EEUU, George W. Bush, que tenía una relación personal con Kenneth Lay, quien fue el máximo responsable de Enron hasta que el miércoles pasado presentó su dimisión.Esa empresa de comercialización de energía fue durante años un valor mimado en Wall Street y una de las principales contribuyentes a las campañas políticas de demócratas y de republicanos, entre ellas las impulsadas por el actual inquilino de la Casa Blanca, a la que aportó más de 600.000 dólares desde 1993.Ahora el presidente de Estados Unidos ya no recibe a Kenneth Lay y la Casa Blanca insiste en desvincularse: el viernes ordenó una revisión de todos sus contratos oficiales con Enron y con Arthur Andersen.




