Depresión, un mal que paralizó a los argentinos
La desazón de los argentinos ante lo que consideran la peor crisis económica de la historia ha provocado, paradójicamente, mayor pasividad entre ellos que ánimo por la movilización y la protesta.
BUENOS AIRES.--- La desazón de los argentinos ante lo que consideran la peor crisis económica de la historia ha provocado, paradójicamente, mayor pasividad entre ellos que ánimo por la movilización y la protesta.El espíritu de los argentinos está tan corroído que la autoridad sólo ha debido enfrentar aisladas escaramuzas que, con la profundidad del descontento, en otros países habrían cobrado varias vidas."Hay una situación de mucha pasividad producto de la situación social", dijo a Reuters el presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Abel Fainstein."La sensación es que uno está atado a un barco que manejan otros y en el que no se puede hacer nada", agregó.Un estudio de la consultora Rouvier y Asociados reveló que más del 90 por ciento de los argentinos entrevistados guardaba en su interior sentimientos negativos como angustia, miedo y rabia, lo que ha provocado una sensación de pérdida de futuro."Estos sentimientos de angustia y depresión están dirigidos hacia adentro, pero advertimos que si la crisis no se revierte, esta energía puede salir al exterior", dijo el sociólogo Ricardo Rouvier. LA PEOR DE TODASAunque ninguna crisis es igual a otra, varios países latinoamericanos como Ecuador, han debido enfrentar situaciones económicas difíciles que han enardecido a sus habitantes, lo que ha llevado incluso a la caída de los gobiernos.Argentina no fue la excepción. A fines de la década de 1980 el mandatario Raúl Alfonsín abandonó anticipadamente la Casa de Gobierno ante la presión popular por la hiperinflación."Esto es peor que la hiperinflación y el efecto tequila del 95... Tengo 65 años y nunca, de verdad le digo, nunca habíamos estado peor", cuenta Alberto Coen, dueño de una tienda de vestuario femenino.La economía argentina no crece desde hace 40 meses y el 18 por ciento de su fuerza de trabajo está sin empleo.Así y todo, sólo se levantan algunas protestas en ciudades del interior del país y movilizaciones políticas y sindicales que no reúnen más de 3.000 personas en Buenos Aires, una ciudad de 12 millones de habitantes."En cualquier parte del mundo, se habría incendiado el país, pero acá no pasa nada. No sé qué le pasa a la gente", comenta un joven transeúnte llamado Fabián, quien mira una pequeña protesta frente al palacio presidencial.La huelga general a la que llamaron las centrales obreras el jueves paralizó a medias las grandes ciudades. Pero no por un apoyo explícito a la paralización, sino por la dificultad para el traslado de los millones de empleados que no podían movilizarse hacia sus trabajos.Una encuesta reveló que el 43 por ciento de los argentinos no estaba "nada de acuerdo" con la medida de fuerza y un 30 por ciento "no la apoya ni la rechaza". PROCESION VA POR DENTROUna de las peores consecuencias que conlleva un proceso económico como el actual es la sensación de impotencia de quienes lo sufren y la consecuente tensión psicológica a la cual se ven expuestos.La depresión no se conjuga sólo en el ámbito financiero, también en el mental."La crisis actúa como un factor detonador, lo que ha incrementado sustancialmente la demanda por consultas a psicólogos por situaciones de ansiedad y angustia", explicó Fainstein.En vez de exhibir su descontento, el argentino lo está tragando. Su mente sólo acumula las imágenes de un túnel sin salida que no sabe cómo canalizarlas. Así se detonan las tragedias personales."Por mi trabajo debo escuchar todos los días dramas familiares... La desesperanza ha llegado a tal punto que han aumentado los suicidios, las separaciones matrimoniales, la prostitución y las drogas", comentó a Reuters el sacerdote Luis Farinello, líder del movimiento político Polo Social.El temor de los especialistas es que la crisis profundice el rencor y corroa a tal punto la sociedad que provoque una explosión intolerable."La pasividad de la población, porque es verdad esta es una gente muy mansa, puede degenerar en una violencia descontrolada... ojalá que no ocurra", dijo Rouvier.



