Estupor y desasosiego por mensaje apocalíptico a Putin
Un llamamiento comunista al presidente ruso, Vladímir Putin, para dar un giro a la izquierda provocó hoy estupor y desasosiego en vísperas del décimo aniversario del fallido golpe de Estado que aceleró la desintegración de la URSS en 1991.
MOSCU.---- Un llamamiento comunista al presidente ruso, Vladímir Putin, para dar un giro a la izquierda provocó hoy estupor y desasosiego en vísperas del décimo aniversario del fallido golpe de Estado que aceleró la desintegración de la URSS en 1991.Políticos y medios de comunicación acogieron de forma distinta el mensaje, que describe una visión apocalíptica de la Rusia de hoy y pide a Putin que ponga fin al proceso de "reformas de la muerte" de corte liberal iniciado por su predecesor, Borís Yeltsin.Serguéi Ivanenko, del partido liberal Yábloko, restó relevancia a la feroz carta abierta, firmada por 43 personalidades comunistas, entre ellos diez diputados, dos cosmonautas y un Premio Nobel.La carta apela a Putin a apoyarse en el antiguo KGB para acabar con la "podredumbre" que ha "envenenado" las instituciones y "sanear el Estado enfermo".Para Ivanenko se trata sólo de "propaganda sin consecuencias", pese a que el llamamiento hizo recordar otro similar un mes antes del golpe de Estado del 19 de agosto de 1991 contra el presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov.Pero el ultranacionalista Vladímir Yirinovski se escandalizó de que se publicaran textos de ese calibre y pidió disolver el Partido Comunista y clausurar el diario que divulgó el martes el mensaje, "Soviétskaya Rossia" (Rusia Soviética).El diario "Nezavísimaya Gazeta" (Diario Independiente) ligó la carta con la de 1991 y tituló con alarma a cinco columnas en primera página: "La izquierda empuja a Putin a dar un golpe de Estado"."Igual que hace diez años, los firmantes de la carta muestran su indignación por las acciones del poder, y si los autores del mensaje al pueblo atacaban (entonces) la política de Gorbachov, estigmatizan ahora la política liberal", afirma en un artículo de condena.Otros periódicos también vincularon los dos llamamientos, como "Kommersant Daily" al decir que "le montan al Presidente un agosto del 91", o "Komsomólskaya Pravda", al preguntar a Putin si será el "firmante número 44 de la patética misiva".La tesis del mensaje, cuatro de cuyos firmantes también figuraron entre los doce del de hace diez años, es una versión corregida y aumentada de la advertencia que se hizo en aquella ocasión contra la "desintegración" del país, antes la URSS y ahora Rusia.Con un lenguaje descarnado y catastrofista, los 43 miembros de las "fuerzas nacional-patrióticas" fustigan "la fusión del crimen con la política" del "yeltsinismo", que según ellos aún está en el poder."El país, desangrado y privado de fuerza vital, se sumerge en las tinieblas (...), sufre una irreversible descomposición económica y social e incluso la desintegración de sus territorios, a los que miran con avidez las potencias vecinas", denuncian.La carta, titulada "Detener las reformas de la muerte", habla del "dramatismo" que vive la Rusia de hoy, de "unir a la sociedad ante la catástrofe que se avecina", de "caos" y de "enajenación total".En concreto, el mensaje centra su furia en el equipo económico del Gobierno, que bajo instrucciones de Putin ha sacado adelante en el Parlamento nuevas leyes fiscales, laborales, de pensiones, de propiedad del suelo y de privatización de empresas.Este "rumbo letal", según los autores del llamamiento, "barrerá de sus tierras a millones de campesinos arruinados" (...), "dejará sin luz las casas, fábricas, cosmódromos y bases de misiles" (...), y "echará de sus casas a la mayor parte de la población".Aunque "no nos hacemos ilusiones" con un Putin que ha acelerado las reformas para integrar a Rusia en el mundo, los firmantes piden al Presidente que aleje de su entorno los restos del "yeltsinismo" y recurra a "los servicios secretos".Desde su llegada al poder hace año y medio, Putin precisamente se rodeó de antiguos agentes del KGB como él y formó su equipo cercano con ellos, con economistas liberales de San Petersburgo y con unos cuantos funcionarios de la era Yeltsin.Su promesa de devolver la confianza al país y recuperar su condición de potencia se tradujo en una doble política de mano dura para poner orden, que le granjeó acusaciones de autoritarismo, y de continuidad de las reformas económicas liberales.Alexandr Projánov, firmante del mensaje de 1991 y principal autor del nuevo llamamiento según fuentes próximas, defendió hoy su texto y dijo que sólo "hemos puesto sobre la mesa" el conflicto entre los grupos que rodean a Putin."Apelamos a los servicios secretos no para que cometan matanzas ni para que lleven a cabo acciones anticonstitucionales, sino para presionar al poder actual, porque Putin es un concepto colectivo y como tal no existe", afirmó.




