Sastres a contra reloj por elección de cardenales en el Vaticano
En medio de una actividad frenética, las sastrerías eclesiásticas de Roma preparan a contrarreloj las vestimentas de los 44 nuevos cardenales nombrados por Juan Pablo II, que pueden llegar a costar hasta cinco mil dólares por ajuar.
VATICANO.- En medio de una actividad frenética, las sastrerías eclesiásticas de Roma preparan a contrarreloj las vestimentas de los 44 nuevos cardenales nombrados por Juan Pablo II, que pueden llegar a costar hasta cinco mil dólares por ajuar.Aunque los tiempos del purpurado con capa magna de cola de hasta siete metros de largo y esclavina de armiño pasaron a la historia y la sencillez y austeridad predominan ahora, el nuevo cardenal necesita unas vestimentas básicas, como son la sotana de color rojo sangre, la capa del mismo tono, el capelo y el fajín de seda púrpura haciendo ondas.El "toque final" lo dan los calcetines, que también serán rojo púrpura, color que simboliza el compromiso que asumen los cardenales de defender hasta el derramamiento de su sangre y pagar con la muerte si es necesario la defensa de la Iglesia.El gran día -el del consistorio, cuando el anciano papa Juan Pablo II imponga los 44 capelos o birretas y les convierta en "príncipes" de la Iglesia- está a la vuelta de la esquina y las cuatro sastrerías romanas dedicadas a la confección de hábitos eclesiásticos no dan abasto para tener todo a punto para la fecha.Aunque la discreción es total, responsables de la sastrería Gammarelli, que viste al Vaticano desde hace 200 años, han afirmado que están confeccionando los ajuares de la mitad de los nuevos purpurados y que ante la cantidad de trabajo no aceptarán encargos de otros clientes hasta después del consistorio.El precio de un ajuar depende de la cantidad de prendas que incluya. La sotana roja de buena lana con la esclavina del mismo color puede costar unos 900 dólares, la sotana negra ribeteada en rojo -que es la que suelen usar con más frecuencia- llega a los 500 dólares.El fajín púrpura en seda moiree, haciendo ondas, que cae sobre la sotana, llega a los 150 dólares y el capelo alcanza los 50 dólares.Lo normal es que al menos se hagan dos pares de cada prenda, lo que redobla el precio.A lo anterior hay que unir el solideo, calcetines, zapatos, ropa interior, etc. Algunos cardenales de países tropicales incluyen también en su vestuario una sotana blanca ribeteada en rojo.Normalmente, los familiares y amigos regalan el ajuar, que puede redoblar el precio según las calidades y lujos de los tejidos usados. Según fuentes de las sastrerías, el precio total va de un mínimo de 3.000 dólares a cinco mil.Son gastos comedidos, que aumentaría vertiginosamente si todavía estuviese en vigor los fastos y la suntuosidad de los consistorios anteriores al Concilio Vaticano II.En aquellas ocasiones los cardenales vestían largas capas de seda con colas de hasta siete metros, las conocidas como "el galero", y esclavinas de armiño y calzaban zapatos con hebillas de plata. Eran muy vistosas las procesiones de purpurados a amplias distancias uno de otros (para no pisarse el "galero") por la basílica de San Pedro.Las vestimentas eran acordes con la suntuosidad de la ceremonia. Y es que hasta los tiempos de Juan XXIII los consistorios eran en realidad cuatro, es decir se desarrollaban en cuatro etapas.El primero era a puerta cerrada y en el se leían los nombres de los nuevos purpurados, en el segundo se les imponía el capelo, en el tercero -que era público- se le entregaba la gran capa y en el cuarto, semipúblico, el Papa les abría y cerraba la boca, para subrayar la necesidad de la máxima prudencia por parte de los flamantes "príncipes" de la Iglesia.Pablo VI abolió ese ceremonial, así como la vieja usanza de que los Reyes o Jefes de Estados de naciones católicas -como podían ser España, Francia o Italia- impusieran el capelo en sus propios países a los cardenales de esas naciones o a los purpurados que eran nuncios en dichos estados.Así ocurrió en España, donde el general Franco colocó la birreta al nuncio Ildebrando Antoniutti y en Francia, donde el presidente Auriol hizo lo mismo con el por entonces nuncio en París, Angelo Roncalli, el futuro papa Juan XXIII.El Papa Pablo VI abolió esos fastos y prerrogativas y actualmente la ceremonia es solemne, pero sencilla.En esta ocasión, se desarrollará en dos etapas. El día 21 en la basílica de San Pedro el Papa impondrá los capelos y al día siguiente en la plaza de San Pedro el Pontífice concelebrará misa con los nuevos purpurados y les entregará el anillo cardenalicio.




