El caballo, gran terapeuta para los niños discapacitados
Afectada por una lesión cerebral congénita, María Gabriela, de 10 años, apenas se sostiene sobre sus piernas y no puede andar por sí sola, pero monta a caballo, lo mismo que otros 50 niños discapacitados que practican la equinoterapia en Montevideo.
MONTEVIDEO.--- Afectada por una lesión cerebral congénita, María Gabriela, de 10 años, apenas se sostiene sobre sus piernas y no puede andar por sí sola, pero monta a caballo, lo mismo que otros 50 niños discapacitados que practican la equinoterapia en Montevideo."El caballo es el gran terapeuta. La relación que se crea es con el caballo, no conmigo", explica con modestia la educadora Lydia Lercari, especialista en jóvenes discapacitados, al tiempo que ayuda a la pequeña a subirse al Barón, un caballo bayo especialmente vestido."Maria Gabriela viene apenas hace unos dos meses. Pero ésto ha reforzado fuertemente su equilibrio. Ya no necesita más apoyo para mantenerse sola sentada en el caballo", declara su madre, Maria Isabel Mena.Tras 20 años de experiencia con discapacitados, Lydia Lercari inauguró su centro de equinoterapia en abril pasado."El año pasado, una amiga mía tuvo un accidente de auto con sus hijos. Uno de ellos quedó con graves problemas. Esa misma noche soñé que estaba haciendo equinoterapia para ayudar a ese niño. Entonces, al día siguiente de mi sueño, entré a internet para averiguar", recuerda esta sonriente mujer de 46 años.Luego de tres meses de estudios intensivos en el instituto Strides Therapeutic Riding de Los Angeles (EEUU), Lydia fundó "el primer centro de equinoterapia de Uruguay", aprobado por el ministerio de Juventud y Deporte.En el club ecuestre N & N Field, en las afueras de Montevideo, la maestra ayuda cada semana a unos 60 discapacitados, entre 2 y75 años, entre ellos 48 niños, en colaboración con un sicólogo y tres fisioterapeutas."Es muy gratificante porque puede ayudar a mehjorar los aspectos físicos y emocionales de las personas, puede hacerlos sentir bien, muy útiles a la sociedad. Ellos a su vez aumentan su confianza, su autoestima. Además, montar un caballo permute a las personas que pasan su vida sentadas en sillas de ruedas ver la vida desde arriba", agrega.La relación emocional entre el caballo y su jinete es en general muy fuerte, con o sin discapacidad, recuerda Lercari. "Por eso, tenemos el deseo de ir más lejos al abrir el club también a los niños que tengan problemas afectivos", explica por su parte el director del club, Jorge Rossi.Este proyecto, que permitiría a los jóvenes no solamente aprender a montar sino también a responsabilizarse al comprometerlos a cuidar su montura, acaba de ser presentado atres asociaciones internacionales, así como al gobierno uruguayo."Nadie se han negado jamás a montar. Al principio, algunos dudan a tocar al animal, pero después de dos o tres carreras, van y lo abrazan", agrega Lydia, mientras muestra a uno de sus alumnos como cepillar dulcemente al caballo.




