La guerra al dopaje, una cruzada publicitada y con un saldo modesto
La guerra al dopaje fue un tema omnipresente durante los Juegos de Sydney-2000 y, como siempre ocurre con este tipo de cruzadas, comenzó con una declaración de fe por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) y culminó con un modesto balance de ocho casos, sobre 11.000 deportistas.
SYDNEY.--- La guerra al dopaje fue un tema omnipresente durante los Juegos de Sydney-2000 y, como siempre ocurre con este tipo de cruzadas, comenzó con una declaración de fe por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) y culminó con un modesto balance de ocho casos, sobre 11.000 deportistas.Pero el puñado de análisis positivos fue contundente desde el punto de vista del impacto en la opinión pública: una gimnasta adolescente transformada en víctima, un campeón del mundo de lanzamiento de bala --y marido de la niña mimada Marion Jones-- marginado por los suyos y más de 60 casos denunciados aquí de dopajes... anteriores a Sydney.La menuda Andrea Raducan permanecerá en el recuerdo como el símbolo de la cruzada australiana. Fue privada de su título olímpico luego de haber fallado el test antidopaje a causa de un medicamento contra el resfriado.El Tribunal Arbitral del Deporte deliberó cinco horas antes de confirmar la sanción del Comité Olímpico Internacional (COI), atado de pies y manos por las propias reglas que había impuesto.En su descargo la adolescente --que hizo evocar aquí la leyenda de Nadia Comanesci-- demostró que había tomado dos comprimidos de un medicamento para la gripe, recetados por el médico de la delegación.Pero, craso error, los comprimidos contenían seudoefedrina, una sustancia que el COI prohibe, aunque no la Federaciòn Internacional de Gimnasia. El médico admitió su error y fue excluído de los Juegos. Pero Andreaa se quedó, llorando, sin su medalla.También recibió gran publicidad el caso del estadounidense Cottrell Hunter, el campeón mundial de lanzamiento de bala y esposo de Marion Jones, la ganadora aquí de las carreras de 100 y 200m y del relevo femenino de 4x400 metros.Hunter falló en cuatro tests antidopaje --siempre con nandrolona, un esteroide anabolizante-- pero nunca en Sydney, ya que aquí decidió no participar debido a una lesión y solamente vino a alentar a Marion. Pero pese a lo antiguo del caso revelado, su impacto mediático fue impresionante.La guerra siguió hasta el último día. Se efectuaron un total de 2.000 controles, de ellos 301 fuera de competición.Y tomando en cuenta que sólo hubo ocho casos que fallaron --aunque no están disponibles aún todos los resultados-- "y que había 11.000 atletas, yo no pienso que podamos decir que hemos estado envenenados por las drogas" dijo el domingo el director ejecutivo del COI, François Carrard.Pero hubo muchos que a último momento desistieron de los Juegos, quizás curándose en salud ante las advertencias de la severidad que se aplicaría en Sydney.Y así fue que, por ejemplo, China decidió, casi a último momento, retirar de su delegación a 27 deportistas argumentando "análisis sanguíneos dudosos". Una lista que incluía 14 atletas, 7 remeros, 4 nadadores y 2 palistas.




