Los siete pecados capitales de Wanderley Luxemburgo
La "quema futbolística" de doce jugadores que en el mercado internacional se cotizan a 100 millones de dólares, constituye uno de los siete "pecados capitales" cometidos por el técnico de Brasil, Wanderley Luxemburgo, en las eliminatorias de la Copa del Mundo del 2002.
RIO DE JANEIRO .---- La "quema futbolística" de doce jugadores que en el mercado internacional se cotizan a 100 millones de dólares, constituye uno de los siete "pecados capitales" cometidos por el técnico de Brasil, Wanderley Luxemburgo, en las eliminatorias de la Copa del Mundo del 2002. Figuras como Jardel, uno de los principales goleadores de Europa, Elber, Amoroso, Savio, Edílson, Edmundo y Franza fueron convocados con bombos y platillos y han salido en silencio y por la puerta de atrás por pasar en blanco en los partidos disputados por Brasil. Jardel fue menos que "flor de un día", ya que abandonó la cancha del estadio colombiano El Campín antes del fin del choque que marcó el debut de ambos países y no volvió a ser recordado por el técnico. Lo mismo ocurrió con Edílson ante Ecuador, Edmundo ante Perú y Sávio frente a Uruguay, y la única diferencia con los casos de Amoroso y Franza radica en que con éstos últimos la paciencia de Luxemburgo duró unos partidos más, aunque no muchos. Los olvidados del heredero de Mário Jorge Lobo Zagallo casi podrían formar otra selección, y muy costosa, pues también cuentan el centrocampista Flávio Conceizao, el defensa central Aldair, que era dueño del puesto desde 1990, y el lateral derecho Cafú. Mucho antes de comenzar las eliminatorias, los ex mundialistas Claudio Taffarel y Leonardo renunciaron públicamente al equipo en respuesta al carácter controvertido del estratega. El portero Taffarel anticipó su "jubilación", pese a mantener intactas sus condiciones y a su destacada campaña en el Mundial francés de 1998. El centrocampista Leonardo era considerado el líder natural para suceder al capitán Dunga, pero Luxemburgo contrarió las expectativas de los especialistas y nombró a Cafú. El segundo "pecado capital" de Luxemburgo, según coincide la prensa local, surge de su resistencia a contar con Romario de Souza, el único jugador que es unanimidad entre los 160 millones de técnicos oficiosos que tiene Brasil. Pese a la pendencia personal que los distancia en la intimidad, a Luxemburgo lo podría redimir el hecho de que cuando fue llamado a filas (en vísperas al choque con Perú), Romario se lesionó y hasta el partido que Brasil ganó a Argentina recuperaba su estado con pasos lentos. Para el compromiso con Bolivia, el próximo 3 de septiembre en Río de Janeiro, toda la prensa apuesta al regreso triunfal del goleador de 34 años, como lo hizo ante Uruguay en 1993 para ayudar a Brasil a clasificarse para Estados Unidos. El tercer "pecado capital" de Luxemburgo lo depara el hecho de que desde que asumió el mando, en septiembre de 1998, Brasil no ha definido su patrón de juego. Desde que comenzaron las eliminatorias, en marzo pasado, doce delanteros fueron convocados sin que ninguno anotara un gol, y los únicos jugadores que mantuvieron su posición fueron el portero Dida, el lateral izquierdo Roberto Carlos y el delantero Rivaldo. Para el país del fútbol, la posibilidad de armar a la vez varias selecciones competitivas se ha convertido en un arma de doble filo, pues los otras naciones suramericanas, con menos jugadores, han tenido la posibilidad de dar continuidad a un equipo básico. El cuarto "pecado capital" se debe a la peor campaña que cumple Brasil en la historia de las eliminatorias mundialistas al conquistar apenas el 52 por ciento de los puntos en disputa hasta ahora, es decir once de 21. Como si fuera poco, bajo su mando, Brasil, que disputa por octava vez las eliminatorias, sufrió ante Chile la peor derrota en su historia (0-3). El quinto pecado surgió porque en sólo dos meses, con Luxemburgo al frente, se duplicó el número de derrotas que acumulaba Brasil en 40 años, desde la campaña para el Mundial de 1958 hasta la derrota con Paraguay por 1-2, el mes pasado. La primera caída se produjo en 1993 en La Paz ante Bolivia por 0-2. El sexto, porque con la derrota ante Paraguay en Asunción, Brasil perdió un invicto de 42 partidos oficiales contra adversarios suramericanos. Y el séptimo "pecado capital" se desprende de las cinco derrotas sufridas por los equipos nacionales de Luxemburgo en sus dos años de vigencia. Las otras dos también fueron impactantes y significativas: la primera, ante la débil Corea del Sur, en un amistoso en 1999; y la otra con México, en la final de la Copa de las Confederaciones, en la que Brasil estrenaba el título de la última Copa América.



