Catorce años después, Chernobyl sigue causando dolor y muerte
"Quiero morir para dejar de sufrir", clama Leonid Malinine, ucraniano de 63 años cuya existencia quedó marcada por el dolor el 26 de abril de 1986, día en que se produjo la explosión de la central nuclear de Chernobyl (Ucrania).
KIEV - "Quiero morir para dejar de sufrir", clama Leonid Malinine, ucraniano de 63 años cuya existencia quedó marcada por el dolor el 26 de abril de 1986, día en que se produjo la explosión de la central nuclear de Chernobyl (Ucrania)."Desde entonces, mi vida es un pozo negro", explica Leonid en su cama del hospital de Kiev, donde vive abatido por la depresión, torturado por fuertes jaquecas y debilitado por una hemorragia cerebral.A la 1h23 de la madrugada del 26 de abril de 1986, el corazón atómico del cuarto reactor de la central se aceleró hasta estallar al realizarse una análisis de seguridad. La deflagración levantó y volcó la losa de hormigón superior del reactor, que 2.000 toneladas de peso. Un gigantesco incendio se declaró, arrojando a la atmófera millones de radioelementos, de intensidad equivalente a 500 bombas de Hiroshima.Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron gravemente contaminadas por la nube radiactiva. Europa occdental también lo fue, pero en menor medida.Leonid Malinin, en la época conductor de autobús en Kiev, fue enviado al día siguiente al lugar de la catástrofe para participar en la evacuación de los 52.000 habitantes de Pripiat, ciudad situada a dos kilómetros de Chernobyl y en la que residían la mayoría de los empleados de la central nuclear y sus familias.Como Leonid, cerca de 350.000 socorristas fueron encargados, contando con una protección irrisoira, de aislar reactor accidentado, limpiar la zona contaminada o evacuar a la población. Todos ellos, a los que se dio en llamar "liquidadores", fueron fuertemente irradiados."Su estado empeora día a día", explica la doctora Svetlana Bekoieva, del Centro de tratamiento de irradiados de Kiev.Muchos de ellos sufren depresión, cáncer, trastornos del sistema nervioso y enfermedades cardiovasculares, agrega la médica."A veces ni siquiera logro acordarme del nombre de gente que conozco desde hace tiempo", cuenta Larissa Bychko, de 45 años, que participón en Chernobyl en mayo de 1986 en el inventario de productos alimentarios contaminados antes que fuesen enterrados.Las investigaciones han mostrado que la tasa de suicidios es muy superior entre "los liquidadores" que en el resto de la población.Pero catorce años después del drama, el número exacto de muertos debidos al accidente de Chernobyl sigue sin saberse.Es difícil establecer con certeza el porcentaje de leucemias o de enfermedades cardiovasculares que son consecuencia de la irradiación, afirman los expertos."Ni siquiera sabemos qué dosis hemos recibido, nos dieron instrumentos de medida que no funcionaban", afirma Grygory Rykunenko, que, como Leonid, trabajó como conductor en la zona altamente contanimada de los alrededores de la central.Oficialmente, 31 personas murieron como consecuencia de la irradiación durante el accidente o poco después. Los últimos datos no oficiales dan cuenta de 15.000 muertos y 50.000 heridos.Una cosa es segura: 3,5 millones de ucranianos fueron irradiados más o menos gravemente, y el número de cáncer de tiroides entre los adoslescentes se ha multiplicado por diez en el país desde la catástrofe.




