Editorial

Olvidar, ¡jamás!

Toma del Palacio de Justicia, 6 de noviembre de 1985. No es posible olvidar. Y tampoco se debe.

Toma del Palacio de Justicia, 6 de noviembre de 1985. No es posible olvidar. Y tampoco se debe. No está bien olvidar. Y no por anclarse uno a odios y malquerencias. Todo lo contrario, es el amor y la gratitud la que no nos permite olvidar.

Los magistrados y funcionarios que murieron en el Palacio de Justicia no iban en un bus que se fue a un barranco ni se los llevó el impacto de un rayo. Murieron en cumplimiento del deber. Fueron asesinados, frente a la pasividad del gobierno, en sus oficinas, en un día de trabajo al servicio de la justicia. 

En 34 años no han cesado los juicios de responsabilidad, los cuestionamientos, las reparticiones de cargas, los ataques verbales y el cobro de cuentas.

Y en 34 años tampoco ha menguado el doloroso recuerdo de quienes allí perecieron amarrados a su obligación de impartir justicia, y de muchos familiares que no han tenido ni el mínimo consuelo de enterrar a sus familiares. Porque la oscuridad cubre a muchos eventos de esa Toma, y de la Retoma, no han hecho sino causar daño a tanta gente buena que lleva más de tres décadas al vaivén de un mar de dudas y mentiras.

El Cauca no aguanta más

Cuestión de óptica

Gente invisible

Culpable de primera, obviamente el M-19, que se tomó el Palacio. Pero responsabilidad enorme la del gobierno del presidente Belisario Betancur, timorato y de mano blanda frente a la responsabilidad de hacer lo imposible por salvar a tantos servidores públicos. Betancur, en el mejor de los escenarios, dejó que los militares usurparan las funciones del Ejecutivo.

Respeto y entiendo el papel de los efectivos en el Palacio, objeto de órdenes. Pero otra historia estaríamos recordando si se hubiera atendido el clamor del presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía de cesar el fuego. Tanto diálogo en el gobierno Betancur y, justo ahí, con la Corte y sus empleados de rehenes, ahí sí nada de palabras. Solo plomo en cantidades industriales.

Un lustro antes, una situación con matices similares, la Toma de la Embajada de República Dominicana, se manejó con otro tacto y hubo un final muy diferente. Pero bueno, no se dispara donde están representadas tantas naciones y los fusiles son más activos cuando se trata de jueces, y de jueces de la tierrita.

En fin, hoy únicamente una voz de aliento y de cariño para todos los que sufrieron ese 6 y 7 de noviembre. Y que no olviden. Jamás olviden. Jamás

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