EDITORIAL

El Cauca no aguanta más

Son décadas que han convertido al departamento en una especie de punto de encuentro de problemas sociales.

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Todos los presidentes afrontan situaciones que ponen a prueba sus capacidades para ejercer la primera magistratura. El origen de estos medidores a veces es propiciado por personas que quieren, como se dice popularmente, medirle el aceite al presidente.

En otras ocasiones, son fenómenos propios de la vida de un país los encargados de plantearle el pulso al presidente.

Iván Duque encuentra en la agitada realidad del Cauca uno de esos medidores presidenciales. Y, aclaremos, no se trata de un reto, de una pica clavada en el amor propio: aquí lo que está en juego es el destino de millón y medio de personas y de muchas comunidades.

Me robo el título de una canción del maestro Juan Formell sobre la nutrida población de La Habana para decir que el Cauca no aguanta más.

Cuestión de óptica

Gente invisible

El vicio del poder

Son décadas que han convertido al departamento en una especie de punto de encuentro de problemas sociales: inconformidad de las comunas indígenas y étnicas; desavenencias en el campo de la tenencia de tierras; presencia de las Farc y hoy de las disidencias y de muchos otros delincuentes organizados que hacen lo que les viene en gana para mantener sus negocios ilícitos, el más sonoro de ellos el del narcotráfico.

La violencia campea en el Cauca, mientras el gobierno anuncia más presencia militar que los habitantes rechazan sino viene acompañada de soluciones concretas a problemas sociales que no se solucionan solamente con camuflados en el paisaje.

Curioso que esto lo diga un periodista, pero no quisiera dar más noticias sobre el Cauca. No por lo menos estas tristes noticias. Decía la colega Yolanda Ruiz hace unos días: “Pasan y pasan los años y seguimos reportando muertos. Hoy, una masacre de indígenas en el Cauca. A veces dan ganas de cambiar de oficio para no ser mensajera de tragedias”.

Los periodistas estamos para informar, y eso lo cobija todo, lo bueno y lo malo, pero acojo las palabras de Yolanda en el sentido de que nos toca el alma andar dando las mismas noticias de tragedias que se repiten una y otra vez y que deberían tener un punto final, una solución.

El Cauca es un escenario magnífico para que el presidente y su gobierno demuestren que son una maquinaria con las piezas bien ajustas y aceitadas. Ha puesto Iván Duque un semáforo en rojo a la maquinaria política tradicional. Pero esta otra maquinaria, la de la efectividad del Estado, tiene que gozar de un luminosa luz verde.

 

 

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