EDITORIAL

Religión y política: pésimo matrimonio

Mucho contribuiría a que tengamos una escena política más sana, si los hombres y mujeres de fe se dedican a la fe.

Religión y política: pésimo matrimonio

Ayer me sentí viendo un video de los años treinta. Oigan la frase: ayer me sentí viendo un video de los años treinta…ojo, que en los treinta no había videos. El video, que me llegó a través de la cuenta en Twitter del colega Diego Martínez, “Martillo”, director de Información del diario El País de Cali, corresponde a un acto público en la plazoleta de San Francisco, frente a la Gobernación del Valle.

Se trataba, según entiendo, de una Jornada por la Vida y por la Paz, que un alto prelado de la Iglesia combinó con un curioso manifiesto político. Una mezcla de temas: medios y cubrimiento electoral, encuestas, fraude, citaciones judiciales a figuras políticas, elecciones…

Hablo de Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, quién aprovechó el escenario y los micrófonos para una de esas combinaciones, política más religión, que nos han dado tantos dolores de cabeza.

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Aunque monseñor se abstiene de dar nombres, la gente trata de leer entre líneas su discurso para pensar en un candidato a la alcaldía de Cali y sus procesos en Fiscalía, en un diario de alta circulación en el Valle del Cauca, incluso en un expresidente en diligencias ante la Corte, si uno hila muy, muy delgado.

Faltaba más que no pudiera un hombre de fe preocuparse por la situación que atraviesa su país, pero mucho contribuiría a que tengamos una escena política más sana, si los hombres y mujeres de fe se dedican a la fe y se abstiene de caer en la tentación de transitar por el valle de lágrimas de la política.

Y lo digo no solo por los prelados católicos, sino por los pastores cristianos y por toda persona dedicada a los quehaceres religiosos a la que se le pase por la cabeza una especie de catecismo proselitista. No lo hagan, de verdad.

Desde tiempos de la Independencia ese ha sido uno de los factores desestabilizantes de esta joven nación. Denle una mirada a una de las copias del acta de Independencia y descubrirán que muchos de los firmantes estaban comprometidos con el culto a Dios.

La cereza del desastre la puso Francisco de Paula Santander, quien, poco después de ganada la Batalla de Boyacá, pidió a los sacerdotes que respaldaran la emancipación desde las iglesias, desde el púlpito…

Santander les abrió una puerta que hemos venido tratando de cerrar desde 1991, con la institucionalización de un estado laico, pero a la que eminencias como Monseñor Monsalve le meten un pie cada vez que vamos a cerrarla y ponerle llave definitivamente.

Llave como la del sagrario, donde tampoco deben meterse los políticos. Con enorme respeto y aprecio, le digo a Monseñor, de manera colombianamente coloquial, que todo funciona mejor cuando cada loro está en su estaca.

 

 

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