“No importaba si eran familia o no”: los voluntarios que fueron héroes tras el terremoto en Cali
Luego de cumplirse un mes de la tragedia del pasado 10 de agosto, sus historias siguen hablando de solidaridad.
Los voluntarios llegaron a distintos puntos de Cali afectados por el terremoto para apoyar las labores de búsqueda y remoción de escombros. Foto: Caracol Radio.
Cali
Bastaron 90 segundos para que el terremoto del pasado 10 de agosto cambiara todo en Cali. La ciudad se sumergió en miedo, mezclado con el polvo y los gritos de quienes vieron sus hogares convertirse en ruinas.
Las familias buscaban a los suyos, pero entre la desesperación también aparecieron quienes no conocían a las personas atrapadas, quienes nunca habían escuchado sus nombres y aun así hicieron de aquella tragedia una causa propia. No tenían ningún vínculo con ellos, pero se quedaron.
“Poder ayudar de cualquier forma que sea posible, sin importar si es familiar o no. La idea es poder encontrar la mayor cantidad de gente que se pueda”.
Aquí no importó quién era quién, todos pasaron a ser rescatistas. Quitaron piedras, levantaron bloques y removieron cuanto encontraron a su paso. Cada persona que llegaba sumaba sus fuerzas a una tarea que parecía imposible.
“Así como salgo yo, a ver qué se puede hacer, qué puede colaborar, también ha salido mucha gente. En realidad, hay mucha solidaridad en el caleño, en el colombiano y muy orgulloso de eso”.
Una voz, un golpe, una señal mínima podía significar que alguien seguía con vida. Cada sonido bajo toneladas de concreto era una razón para continuar. Las horas pasaban y nadie quería irse. El cansancio estaba ahí, pero la esperanza era más fuerte.
“Llevamos desde las 12 del mediodía todos acá. Lo que estamos haciendo son cadenas humanas para coger y extraer los escombros”.
“Desde ayer los muchachos se han puesto la 10, como se dice. Están desde el día de ayer, desde que pasaron los hechos”.
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Mientras unos buscaban sobrevivientes, otros llegaban con agua y comida. Después aparecieron los cascos, las herramientas y los equipos, todo aquello que pudiera servir para abrirse paso entre los escombros. La ayuda nunca dejó de llegar, era el gesto de uno sosteniendo al otro.
“Vengo con mis amigos y mi familia de Jamundí. Traemos agua, traemos unas palas, traemos guantes, traemos unos bocadillos”.
“Ahorita estamos preparando aquí en la olla comunitaria el almuerzo para la gente que está aquí colaborando, trabajando con el tema de remoción de escombros”.
Entre tanta destrucción, esa es una de las imágenes que permanece de aquella tragedia, cientos de desconocidos unidos frente al dolor, que sin proponérselo terminaron convirtiéndose en héroes para quienes más lo necesitaban.
“Hay mucha gente unida en esta causa y eso es algo muy bonito. Yo creo que esa es nuestra Cali, Cali es esa ciudad cívica y es en estos momentos donde debemos demostrar que eso es lo que somos”.
El terremoto derrumbó edificios, viviendas y comercios, pero también dejó una solidaridad que no necesitó nombres ni apellidos.