Radio en vivo

Especiales

La seguridad alimentaria empieza donde hay desarrollo rural

Mientras el mundo produce más alimentos que nunca, millones de personas siguen pasando hambre. En Colombia, la contradicción es aún más profunda, no obstante, organizaciones como Yara adelantan iniciativas para contrarrestar el panorama.

| Foto: Getty Images / Frazao Studio Latino

Aunque Colombia registra cifras históricas en términos de abastecimiento de alimentos, con un crecimiento del 10,6 % en septiembre de 2025 con respecto al mismo mes del año anterior según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) y el DANE, el país no se salva de una tendencia global de desperdicio que levanta preocupaciones alrededor de la seguridad alimentaria.

Bien lo explica Andrés Useche, VP de la región Andina de Yara, quien indica que “nunca se había producido tanta comida y, aun así, el hambre persiste”. Según cifras citadas por el ejecutivo, en el mundo se pierden anualmente 1.300 millones de toneladas de alimentos. En el país, la cifra asciende a 10 millones de toneladas al año.

El impacto social de este desperdicio es contundente. Al menos 25 % de los colombianos padece algún grado de inseguridad alimentaria, y de ese grupo, un 5 % enfrenta una condición grave y crónica, al punto de pasar días sin comer. En zonas rurales la situación es más preocupante: el 34 % de las personas del campo vive inseguridad alimentaria, a pesar de ser allí donde se producen los alimentos.

Para Useche, las causas son estructurales: “la infraestructura es un tema crítico. Tenemos cerca de 140.000 kilómetros de vías terciarias y menos del 10 % está en buen estado”, explica, haciendo referencia a las dificultades para sacar los alimentos de sus tierras de origen. A esto se suman los bloqueos recurrentes en las carreteras, que dificultan el transporte oportuno de los mismos y encarecen los costos logísticos.

Otro factor determinante es la baja productividad del agro colombiano, estrechamente ligada a la falta de financiación y tecnología. “El 80 % de nuestros agricultores son pequeños productores, con áreas muy reducidas. Eso limita enormemente su acceso a crédito, seguros de cosecha y tecnologías modernas”, señala. El resultado es un rezago frente a países como Brasil, Perú o México, donde la productividad ha avanzado con mayor rapidez.

Desde su perspectiva, mejorarla no es opcional si el país quiere avanzar en seguridad alimentaria. “La productividad es fundamental para el desarrollo del agro. En Colombia, en los últimos 20 años, no se ha implementado de manera decidida tecnología, financiación ni seguros, y eso nos ha dejado atrás”, insiste.

En ese contexto, Yara ha apostado por fortalecer la producción local de fertilizantes como una pieza clave del sistema alimentario. La compañía opera en Cartagena una planta de fertilizantes única en el país, capaz de producir 300.000 toneladas de NPK, 100.000 toneladas de nitrato de calcio y 130.000 toneladas de amoniaco, lo que, según Useche, aporta estabilidad a los precios y seguridad en el suministro.

A esto se suman inversiones intensivas en sostenibilidad. En los últimos tres años la multinacional ha destinado más de 100 millones de dólares a descarbonizar y expandir su planta. “Hoy nuestros fertilizantes tienen 60 % menos huella de carbono. Estamos reduciendo alrededor de 500.000 toneladas de CO₂ equivalente al año en Colombia”, explica el directivo. Paralelamente, y de cara a 2026, la expansión permitirá aumentar en 25 % la producción de NPK, con lo que podrían llegar a 250.000 productores más que en la actualidad.

Se trata de un voto de confianza en el país en tiempos en los que escasea el gas natural —insumo necesario para producir los fertilizantes— y que ya deja impactos visibles en productividad a través de proyectos puntuales. “Dependiendo del punto de partida del agricultor, podemos lograr incrementos de entre 15 % y 25 %, e incluso más”, dice Useche. En el Huila, por ejemplo, un grupo de 100 mujeres cafeteras logró casi duplicar su productividad con prácticas agrícolas descarbonizadas, produciendo lo que Yara denomina el primer café del mundo con baja huella de carbono.

Se trata de apuestas clave si se tiene en cuenta la posición privilegiada en la que se encuentran tanto Colombia como la región Andina a nivel global en términos de potencial productivo. En nuestro país, por ejemplo, resultan clave productos como la papa y el arroz —que experimentaron paros e inestabilidad en 2025—, por su puesto el café y el plátano, pero también la palma de aceite.

En palabras del ejecutivo, “el país tiene más de 600.000 hectáreas, ya es el cultivo más grande de América y tiene un potencial de crecimiento enorme: si el SAF sale adelante podríamos hablar de 5 millones de hectáreas. Entendiendo que la demanda de aceites en el mundo va a crecer entre el 2 y el 3 % anual y que deberíamos colocar en el planeta más de 90 millones de toneladas de aceites, Colombia tiene una oportunidad enorme de entrar a ese mercado”. Esto, claro, se traduce en desarrollo para los agricultores del país que, a su vez, aportaría a su capacidad de garantizar su propia seguridad alimentaria.

Así, y con un año de cambios para el país, Useche considera que los tomadores de decisiones deberán ser asertivos con sus próximos pasos. “Tecnología, financiación, seguros climáticos y asistencia técnica son indispensables, sobre todo para los productos de consumo interno”, concluye. La seguridad alimentaria, reconocen desde la multinacional, no se resuelve únicamente produciendo más, también es clave producir mejor y garantizar que el alimento llegue a todos.