“La relación Colombia–EE. UU. se reconfigura, no se reinicia”: AmCham advierte un 2026 decisivo
AmCham Colombia, advirtió que la relación entre Colombia y Estados Unidos no tendrá un “reinicio automático”, sino que entrará en una fase de recomposición gradual que será determinante para el empleo, la inversión y el desempeño económico del país.

Prensa AmCham / @jhendez
La pronunciación fue hecha por la presidenta del gremio, María Claudia Lacouture, durante la presentación del análisis Perspectivas de la relación Colombia–Estados Unidos 2026, en el que AmCham señala que el vínculo bilateral enfrenta un escenario internacional más exigente, transaccional y condicionado a resultados verificables.
Una relación clave para la economía colombiana
AmCham subrayó que la relación con Estados Unidos no es abstracta ni diplomática, sino un pilar estructural de la economía colombiana. Las cifras lo reflejan: cerca del 30 % de las exportaciones del país tienen como destino el mercado estadounidense, mientras que el 37 % de la inversión extranjera directa que recibe Colombia proviene de empresas de ese país.
A esto se suma que 53 % de las remesas que llegan al país provienen de Estados Unidos y que más de cinco millones de empleos, directos e indirectos, están vinculados a esta relación comercial, de inversión y turismo.
“Si esta relación se encarece o se fricciona, el impacto no queda en titulares; se siente en el empleo, la inversión y el bienestar de los colombianos”, advirtió Lacouture, al señalar que cualquier deterioro en el vínculo bilateral tiene efectos inmediatos en la economía real.
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Un contexto global y relación de países “sin manual”
El análisis de AmCham parte de un contexto internacional que define como un “mundo sin manual”, en el que las reglas globales pesan menos y las decisiones se toman cada vez más caso por caso, con acuerdos directos entre países. En este escenario, Lacouture explicó que las relaciones económicas están cada vez más ligadas a criterios de confianza, seguridad y cumplimiento, y menos a afinidades políticas o históricas.
Asimismo AmCham añadió que, Estados Unidos entra en 2026 como un “año de examen”, atravesado por elecciones de medio término, presiones económicas internas y un mayor uso de medidas ejecutivas, lo que incrementa la volatilidad y reduce el margen de error para sus socios estratégicos.
Cinco prioridades que marcan la agenda bilateral
Según AmCham, la relación entre Colombia y Estados Unidos se jugará en 2026 sobre cinco prioridades que no cambian, aunque sí pueden moverse según los resultados que se entreguen:
- Seguridad y lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional
- Migración
- Venezuela y la seguridad fronteriza
- China e infraestructura crítica
- Acceso real a comercio e inversión
El gremio explicó que, al inicio del año, estas cinco variables se encuentran en un estado “amarillo”, es decir, gestionables pero altamente sensibles a decisiones políticas y operativas. Pueden evolucionar hacia escenarios más favorables o más restrictivos dependiendo de la coordinación y los resultados que se logren.
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Seguridad, el eje central de la relación bilateral
La presidenta tambien resaltó que la seguridad se consolida como el eje estructural de la relación bilateral. No se trata únicamente de un enfoque militar, sino de una visión ampliada que incluye control de economías ilegales, protección de infraestructura crítica, inversión, tecnología y cadenas de suministro.
Pues afirmó en rueda de prensa, que Colombia y Estados Unidos tienen más intereses comunes que diferencias, como es el caso de combatir las cinco prioridades mencionadas anteriormente. Sin embargo, el énfasis estará puesto en resultados medibles y verificables, con baja tolerancia a retrocesos, según el análisis del gremio.
Comercio e inversión: más oportunidades que riesgos
Pese a la incertidumbre global, AmCham señaló que el balance en comercio e inversión sigue mostrando más oportunidades que riesgos para Colombia. Actualmente, 72 % de la canasta exportadora colombiana ingresa a Estados Unidos sin arancel adicional, lo que abre espacio para ganar participación frente a otros mercados.
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Además, Colombia continúa siendo percibida por el empresariado estadounidense como un país confiable, con ventajas en cercanía geográfica, logística y oferta exportadora, especialmente en sectores como agricultura, farmacéutica, dispositivos médicos, textiles y autopartes, así lo indicó la presidenta.
Un año de relación bilateral que se jugará en cuatro etapas
El analisis de AmCham plantea que 2026 no debe leerse como una sola fotografía, sino como un proceso en cuatro etapas que marcarán la relación bilateral:
- Blindaje - mantener canales abiertos y evitar fricciones innecesarias en pleno año electoral.
- Transición - señales del nuevo gobierno en Colombia y definición de equipos clave.
- Arranque - primer examen externo, especialmente en materia de certificación.
- Consolidación - avance o deterioro definitivo de la relación con métricas y resultados.
En este calendario, la reunión prevista entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, el 3 de febrero, aparece como el primer hito clave del año para medir el tono y la dirección del vínculo bilateral.
Sin margen para improvisar
AmCham concluyó que 2026 será un año decisivo para organizar la relación entre Colombia y Estados Unidos más allá de la coyuntura política, con una lógica basada en canales abiertos, resultados verificables y gestión preventiva de crisis.
De cara al cambio de gobierno en Colombia, la presidenta de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture, señaló finalemnte que la relación con Estados Unidos no se reinicia con las elecciones, sino que se mantiene como una política de Estado.
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Según explicó, Washington suele actuar con pragmatismo y evaluar a los nuevos gobiernos no por afinidades políticas, sino por las señales que envían en sus primeros meses, la definición de su política exterior y la conformación de sus equipos clave, especialmente en áreas como defensa, hacienda, comercio y relaciones exteriores.
Lacouture indicó que el próximo gobierno recibirá una relación en proceso de recomposición, con margen de maniobra, pero también con exigencias claras en coordinación, continuidad y resultados verificables en las prioridades compartidas.



