Editorial de Gustavo Gómez: Cuando las ratas juegan a la paz
¿El Gobierno nombra a reconocidos delincuentes en roles activos que los convierten en actores de la paz y no se ocupa de saber si los jueces los dejan en libertad?.
Editorial de Gustavo Gómez: Cuando las ratas juegan a la paz
¿Qué efecto en la paz tiene nombrar por un puñado de semanas a los delincuentes como facilitadores de paz?, ¿Tan discreto tiempo si será consistente para el logro de resultados contundentes?.
¿La retribución a los delincuentes designados es que estén satisfechos de contribuir a la paz y nada más?, ¿De cuándo aquí los delincuentes tienen objetivos de vida tan nobles?.
¿Que a un delincuente se le honre con una designación como actor de la paz es gratuito o en alguna parte de la cadena alguien se está metiendo dineros al bolsillo, sobre todo cuando el Alto Comisionado para la Paz ya se pronunció sobre abogados inescrupulosos que “venden” cupos en la paz a la delincuencia?.
¿Afirmar que no se puede revelar quiénes son y qué hacen los facilitadores, garantiza el éxito de su gestión?, ¿O más bien los cobija con cierto manto de impunidad, lejos de la lupa de la opinión pública?.
¿Los delincuentes graduados de adalides de la paz reciben una mínima formación en estas materias, los acompaña algún experto en estos procesos, los vigila alguien?.
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Facilitadores de paz, gestores de paz, asesores de paz, mediadores de paz, voceros de paz, puentes de paz, apoderados de paz, intercesores de paz, favorecedores de paz, auxiliares de paz…
Llámenlos como quieran, pero si, además del pomposo título, son delincuentes, miembros de grupos ilegales o pesadas ratas de alcantarilla, urge que el sueño de la paz total cumpla primero con la total transparencia.
De lo contrario eso de una Colombia como potencia mundial de la paz se podría convertir en un decepcionante ejercicio ante la impotencia de todos los colombianos.