Mi cuerpo es la verdad: Experiencias de comunidad diversa en el conflicto

La Comisión de la Verdad da a conocer este nuevo capítulo de su informe final abordando de una manera profunda el enfoque de género

Comisión de la Verdad / Cortesía Colprensa

El nuevo capítulo del informe final de la Comisión de la Verdad es llamado: Mi cuerpo es la verdad, el cual habla sobre las afectaciones, impactos y resistencias de las mujeres y personas LGBTIQ+ en medio del conflicto armado.

Estuvo liderado por la comisionada Alejandra Miller. Se aborda desde dos perspectivas: La primera sobre la violencia contra las mujeres y su papel en la construcción de la paz; la segunda sobre la violencia contra la población LGBTQ+. También expone las formas de resistencia.

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MUJERES

Recopila más de 6.000 testimonios de mujeres, de las cuales más del 80% estaban ubicadas en zonas rurales. En el fenómeno del desplazamiento forzado se registra que de las víctimas cerca de 4 millones son mujeres. Se logró recoger 1.150 testimonios sobre violencias sexuales, y se pudo determinar que el periodo más fuerte de victimización de violencia sexual fue entre 1999 y 2016, debido a que comienzan a reportarse más denuncias.

Uno de los hallazgos iniciales fue que el control de la vida de las mujeres fue una manera de garantizar el dominio de las comunidades y facilitaba el accionar de los grupos armados.

Se determinó que los paramilitares fueron más invasivos con el control de los territorios, mientras que las guerrillas actuaban con órdenes autoritarias disfrazadas de concertación con las comunidades.

Los paramilitares usaron la violencia sexual como estrategia de guerra, sobre todo en bloques ubicados en el norte del país y en departamentos como Putumayo.

Otro hallazgo fue que el fuerte racismo sufrido por las mujeres negras, por los estereotipos que existen sobre ellas en la sociedad, intensificó las violencias en su contra.

POBLACION DIVERSA

Para construir esta sección se entrevistaron a más de 357 víctimas LGBTI en el marco del conflicto armado. No han existido comisiones que aborden un apartado completo a esta población. Hay un patrón de persecución sistemática contra la población LGBTI por ser quienes son.

Este capítulo concluyó que hubo complicidad en la sociedad para ocultar o dejar pasar las violencias contra la población LGBTI. Por otro lado, los actores armados se congraciaban con las comunidades diciéndoles que iban a limpiarlas de esas personas “desviadas”.

Las violencias sexuales contra personas de la comunidad diversa eran de carácter correctivas: para que ellas aprendieran a ser mujeres y para que ellos aprendieran a ser hombres. La sociedad colombiana sufre un histórico odio por prejuicio y eso ahonda la exclusión a la población LGBTI. El 63 % de la población victimizada eran hombres gay.

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