Dónde está la bolita
DÓNDE ESTÁ LA BOLITA

Relevo en Washington: bye bye, Pompeo

A juzgar por la carta de renuncia de Santos, regresa a hacer política desde un punto distante del gobierno Duque.

Carlos Obregón /

La renuncia del embajador Francisco Santos a su cargo en Washington era una crónica de una salida anunciada. Él más que nadie sabía que su situación era insostenible y el presidente Iván Duque lo tenía claro desde cuando lo llamó a reunirse en Bogotá, luego de los explosivos audios revelados el 20 de noviembre.

Aunque la opinión apostaba por la caída inminente del embajador, a Santos lo salvó el difícil momento del gobierno por el cacerolazo del 21 de noviembre, que fue una de las razones que le expuso al presidente para no dejar el cargo, como se supo después. En ese momento primaron las formas sobre el fondo.

Pero la dilación de la renuncia tenía su límite con la visita a Colombia del secretario de Estado, Mike Pompeo. Esa fue precisamente la dependencia del Gobierno de EE.UU. que fue objeto de las críticas de Santos en su conversación con la entrante canciller que quedaron en las grabaciones filtradas en noviembre.

El Departamento de Estado nunca hizo públicas sus opiniones sobre las críticas del embajador a la política exterior, pero sí fue evidente que produjeron malestar. En últimas, Santos la sacó barata con los gringos, a diferencia del embajador británico Kim Darroch quien cayó en desgracia y se ganó una reprimenda de Trump por haber llamado a la administración estadounidense “inepta" y "disfuncional", entre otros.

La gestión de Santos en la embajada queda marcada por dos hechos: una fallida gestión diplomática para empujar desde allá la salida de Maduro, pero una gestión exitosa en las ayudas de Estados Unidos por US $5.000 millones para invertir en zonas afectadas por el narcotráfico. Gestión nada fácil cuando el gobierno Duque se la jugó por una relación distante con los demócratas del Congreso y un Departamento de Estado descuadernado.

A juzgar por la carta de renuncia de Santos, regresa a hacer política desde un punto distante del gobierno Duque, cosa que no debería sorprender por el estilo del embajador. Después de Washington, el sueño de los que regresan es la presidencia y puede que este caso, como en el del ex embajador Juan Carlos Pinzón, con críticas al gobierno que los nombró.

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