La Nación deberá pagar 5.900 millones de pesos por toma guerrillera perpetrada en Miraflores, Guaviare

El Consejo de Estado determinó que 26 policías fueron víctimas de torturas físicas y psicológicas.

El 3 de agosto de 1998 fue uno de los días más aterradores que vivió la población de Miraflores, Guaviare, luego de que el Bloque Oriental de las Farc lanzara uno de los ataques más violentos contra la Fuerza Pública que cobró la vida de trece uniformados, cerca de 26 heridos y 140 secuestrados.

Una toma guerrillera en la que participaron más de 200 insurgentes y que se realizó cuatro días antes de la posesión del entonces presidente, Andrés Pastrana, y que fue dirigida por el Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño Suárez o Mono Jojoy, quien con cilindros bomba, rockets, granadas, morteros y decenas de pipetas de gas cargadas con explosivos atacó esa base militar.

Por estos hechos el Consejo de Estado emitió una fuerte condena contra el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Militares, al ordenar la reparación de la familia de 28 policías que fueron víctimas de ese ataque.

Para la corporación judicial es claro que hubo falta de previsión de las autoridades frente al ataque, ya que tras las pruebas recaudadas se evidenció que la mayoría de fusiles y granadas que estaban para su defensa no servían.

Igualmente se reiteró su petición al Gobierno para que le solicite a las Farc ofrecer excusas públicas a las víctimas del secuestro que fueron sometidas a tratos crueles y torturas.

“Les echaban vidrios a las comidas de soldados, eran amarrados encierro permanente en cambuches donde sólo se permitía salir para hacer necesidades fisiológicas, sufrían castigos los cuales consistían, entre otros, en dejarlos sin la posibilidad de bañarse por varios días o no se les suministraba los elementos de aseo personal” indica la sentencia.

Para ello se tuvo como prueba fundamental los testimonios de los oficiales que vivieron el ataque y que fueron secuestrados quienes aseguraron que “físicamente si fuimos torturados, nos amarraban con unas cabuyas de los brazos y cuello a los árboles (…) nos hicieron un campo de concentración, estaba hecho de alambre de púa, malla y madera”.

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