Dónde está la bolita

Porno de venganza, un crimen de género

Una reflexión sobre los videos íntimos de los ex de Luly Bossa y Ana Karina Soto.

La semana pasada Ana Karina Soto habló por primera vez del video íntimo que un exnovio hizo público hace varios años, y el país entero pudo verla dando explicaciones en una entrevista que pese a ser anunciada como el momento en que ella decidía hablar, en realidad fue una emboscada ejecutada por el periodista Omar Vásquez, quien disfrazado de “La Diva Rebeca” la obligó a revivir el momento en que fue agredida, enseñándole el video sin previo aviso.

Aunque éste más adelante pidió disculpas por su proceder y retiró el video de su canal de youtube, el daño ya estaba hecho. Una mujer cuya intimidad y libre albedrío fueron públicamente violentados por un hombre que permanece en el anonimato, fue nuevamente agredida por otro mientras una oportunidad para reflexionar sobre un crimen de género, se convirtió en su reivindicación.

Sin embargo y por fortuna, esta semana el tema reapareció desde otra perspectiva, gracias al lanzamiento del libro “fuego entre las piernas”, en el cual Luly Bossa habla entre muchas otras cosas del video íntimo que Alberto Pérez, su novio de hace catorce años, le hizo creer que había borrado solo para que éste fuera hecho público por otra cuestionable periodista, Graciela Torres, más conocida como La Negra Candela.

De toda la atención que ambos casos recibieron estas dos semanas, y entre todas las entrevistas concedidas (a las buenas y a las malas) por ambas víctimas, hay algo que llama mucho la atención: ¿por qué si en ambos videos queda expuesta por igual la intimidad de dos mujeres y dos hombres, el “video íntimo” siempre resulta ser solo de ellas?

Dirán que se debe evidentemente a que ellas son las figuras públicas envueltas en el asunto, pero si fuera así ya tendríamos que haber visto circulando por ahí el video íntimo de Manolo Cardona o Rafael Novoa, quienes es posible que en algún momento de intimidad se hayan grabado teniendo sexo con sus parejas.

Por alguna razón que resulta tan difícil de justificar como de establecer, para nuestra sociedad resulta más escandaloso y reprochable que una mujer decida confiar en su pareja al grabar un video erótico, que el hecho de que un hombre decida burlar su confianza haciéndolo público. Tan es así, que tanto Soto como Bossa han tenido que dar explicaciones por una acción que en absoluto necesita ser explicada, en tanto los dos hombres responsables de una acción realmente inexplicable, no solo han permanecido a salvo del escarnio público, sino que han continuado con su vida sin asumir mayores consecuencias.

El responsable del video de Ana Karina Soto es un hombre casado cuyo nombre no figura en ningún artículo relacionado con el tema, en tanto Alberto Pérez, el hombre que protagoniza junto a Bossa el video íntimo, figura en medios más para referirse a su trabajo como coreógrafo que para dar explicaciones sobre lo ocurrido.

El porno de venganza es un crimen de género que requiere de la complicidad de la sociedad y los medios, pues es solo gracias a ellos que el libre ejercicio de la sexualidad de la mujer se convierte en una perversión condenable, en tanto que el acoso y la agresión por parte de hombres incapaces de superar una ruptura, resulta ser avalado como un comportamiento de lo más natural.

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