El ojo de Horus

Los niños y la alimentación, un duro contraste

Colombia presenta tasas preocupantes de desnutrición proteínico-energética en niños, enfermedad que afecta todos los órganos y sistemas.

Los niños son una de las poblaciones más afectadas por desnutrición proteínico-energética, enfermedad que afecta todos los órganos y sistemas. /

No deja de ser irónico. Nos preocupamos de alimentar bien a los niños para evitar su obesidad tal como lo documentamos en otro artículo, al tiempo que en Colombia tenemos la terrible realidad de que hay niños que sufren y mueren por desnutrición, un duro contraste del que hablaremos en esta entrada. Pocos saben que en Colombia hay departamentos como Vaupés que alcanza tasas altísimas de desnutrición crónica que afecta al 34,7% de los menores de 5 años, o La Guajira, con un 27,9%. Más de 500.000 niños colombianos, el 13% de la población infantil, ¡sufren de desnutrición crónica!

Según el estudio del Centro de Investigaciones de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, Boyacá y Nariño son los departamentos donde más niños sufren de desnutrición, con un 20% frente al 15% de niños desnutridos que hay en Bogotá.

Las altas cifras de desnutrición que se registran tanto en Colombia como en el resto del mundo llegan al 50% de la población impactando de manera acentuada en los países en vías de desarrollo. Los niños son una de las poblaciones más afectadas por la desnutrición proteínico-energética (DPE), una enfermedad que afecta a todos los órganos y sistemas del ser humano. Se genera por una disminución drástica, aguda o crónica en la disponibilidad de nutrientes, ya sea por ingestión insuficiente, inadecuada absorción, exceso de pérdidas o la suma de dos o más de estos factores.

En Colombia, el 39% de los colombianos entre 5 y 64 años de edad no consume productos lácteos diariamente. Esta proporción es 1 de cada 4 (24.9%) en niños de 5 a 8 años. En población nivel 1 del Sisben este porcentaje es 47.3%. Las regiones con menor consumo diario de lácteos son la Pacífica, la Amazonía y la Orinoquía. La leche cumple un papel esencial en la etapa de la vida de cualquier ser humano, pues es fuente de calcio, Vitamina A y D.

Uno de cada 3 colombianos entre 5 y 64 años no consume frutas.

Cinco de cada 7 colombianos (72%) entre 5 y 64 años no consumen hortalizas y verduras.

El consumo de un vaso de leche (200 ml) aporta el 20% de las recomendaciones diarias de proteína, 75% de las de calcio y 80% de las de Vitamina D en niños de 4 años. Los departamentos de Boyacá, Cauca y Nariño son las regiones con las tasas de mortalidad infantil más altas, según la Encuesta Nacional de la Situación Nacional (ENSIN), adelantada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

Y aunque en los casos severos esta situación llega a ser mortal para los menores, la Sociedad Colombiana de Pediatría denuncia que muchos de los decesos de niños en donde la desnutrición es determinante quedan bajo otro diagnóstico. Es el caso de las neumonías, las diarreas y otro tipo de infecciones graves. En otras palabras, podría haber un subregistro importante en las cifras de muerte por desnutrición.

De acuerdo con Unicef, la desnutrición crónica, que se diagnostica cuando la talla y el peso no corresponden a la edad de la persona, está asociada a situaciones de pobreza, y tiene un enorme impacto en el desarrollo. Desde el punto de vista médico, la desnutrición crónica impacta de manera prolongada en la salud general y el desarrollo de los niños, principalmente el crecimiento cerebral y, por ende, su capacidad cognitiva y de aprendizaje, lo cual se traduce en más pobreza a largo plazo. Pero en Colombia la desnutrición no solo pasa factura en términos de desarrollo. Distintas voces señalan que los niños literalmente mueren por problemas de salud asociados al hambre.

El departamento del Chocó, donde la desnutrición crónica alcanza el 15,7%, pide una intervención estatal a gritos. En La Guajira, los casos de desnutrición más extremos han llevado a 278 niños a la muerte entre el 2009 y el 2013, según cifras del Dane. Hace un par de meses, el entonces director de Planeación de La Guajira, César Arismendi Morales, denunció penalmente a las instituciones encargadas de la atención a la niñez por la muerte de 30 niños durante el 2013, según él, por “física hambre”. De las muertes en este departamento, el 98,5 por ciento corresponden a niños indígenas, y más de la mitad eran menores de un año. El secretario de Salud del departamento dice que en lo corrido del 2014 van 15 casos de mortalidad por desnutrición. Los indígenas sufren mayores complicaciones en nutrición porque son nómadas, con un complejo acceso al agua, que se consume de pozos sin tratamiento, y que, además, ya no cultivan.

Acciones ante el problema

Según el Ministerio, existe un Observatorio de Seguridad Alimentaria que pretende hacer seguimiento de los casos particulares a nivel regional. Ana María Ángel, directora de Nutrición del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), cuenta que en el 2012, partiendo de las estadísticas, decidieron priorizar 48 municipios donde la desnutrición, la pobreza y las necesidades básicas insatisfechas eran más graves. Se trata de un programa de recuperación nutricional, que en los casos más extremos se hace en centros del Instituto durante 30 días, hasta que los niños salen de riesgo. Allí se atendió a 25.000 niños en el 2013.

A otras familias, el ICBF les brinda educación sobre el cuidado que deben tener con sus hijos y sobre actividades básicas, como hervir el agua antes de tomarla, o proyectos de autosostenimiento. En alimentación, además de la tradicional bienestarina –que ya reciben mejor en La Guajira y Chocó que en Cauca–, se les entrega un mercado para los niños con alimentos básicos y la llamada ‘leche para la prosperidad’.

Desde la región, Alicia Soto, coordinadora de Promoción y Prevención de la Secretaría de Salud de La Guajira, cuenta que tienen un proyecto de seguridad alimentaria y nutricional para familias en pobreza extrema que cubre al 63% de todas ellas; es decir, a 10.631 hogares. Son 1.620 niños de hasta 5 años que deben ser atendidos en estrategias de recuperación nutricional con enfoque comunitario, acompañados por Unicef.

Bienestarina y Colombiharina

No sustituye ninguna comida, pero es un muy buen complemento alimenticio por su alto valor proteínico. La Bienestarina es un complemento alimentario producido por el ICBF desde el año 1976 y es entregado a los beneficiarios de los programas de Bienestar Familiar y la población más vulnerable. Actualmente se produce en las plantas de Sabanagrande (Atlántico) y Cartago (Valle del Cauca).

La Colombiharina es otro producto final donde se combinan los 9 aminoácidos esenciales, según el organigrama de la FAO. La calidad de su proteína permite una asimilación del 100%: los 21 gramos de proteínas presentes en 100 gramos de producto, son asimilados en el organismo en su totalidad. Esta mezcla de cereal y leguminosa ha sido enriquecida con vitaminas y minerales, deficitarios en la población colombiana como: Hierro, Calcio, Vitaminas del Complejo B, Zinc, y Vitamina A. Fue diseñada en el Departamento de Nutrición de la Universidad del Valle, en colaboración con los Laboratorios de Patología, Química Orgánica e Inorgánica y el Departamento de Toxicología de la Universidad del Valle, con todos los reglamentos y Licenciaturas Naturales de Salud e Invima.

La Bienestarina tiene 60% de harina de trigo o cereal, 30% de harina de soya desengrasada, 8% de leche descremada en polvo y 2% de nutrientes (sulfato ferroso, vitaminas A, C, niacina, tiamina y riboflavina, fosfato bicálcico).

Es importante un control gubernamental para que estas poblaciones vulnerables especialmente los niños les llegue estos alimentos, porque en ocasiones se desvían en promesas políticas o peor aun se envía estas ayudas alimentarias y humanitarias para alimento de animales. Se debe hacer una vigilancia más estricta de parte del Ministerio y del ICBF, porque no hay derecho que en nuestro país con el lema de prosperidad se mueran niños por desnutrición.

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