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Entre minas, así se vive en la vereda Orejón de Briceño, Antioquia

Los habitantes cuentan cómo es vivir en un terreno sembrado de peligros bajo indicaciones de guerrilleros de las Farc.

Entre minas, así se vive en la vereda Orejón de Briceño, Antioquia

Entre minas, así se vive en la vereda Orejón de Briceño, Antioquia

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Los habitantes cuentan cómo es vivir en un terreno sembrado de peligros bajo indicaciones de guerrilleros de las Farc.

Mientras los gallos cantan, el reloj marca las cuatro de la madrugada en las extensas, verdes y empinadas montañas de la vereda Orejón, del municipio de Briceño, Antioquia. Allí se asoma un reflejo de luz, la señal para levantarse en un cotidiano amanecer.
 
Como es su costumbre, don Bernardo Peláez, de 70 años, se levanta y alista para una extensa jornada de campo, al fondo se oyen pasos; son los hombres y mujeres que integran las filas guerrilleras de las Farc, una agrupación que predomina en esa zona.
 
“Las Farc han tenido esta zona como un corredor propio, nosotros somos muy respetuosos de la guerra que el país vive, no nos metemos en nada y tratamos de cumplir las instrucciones que ellos nos dan para vivir en el lugar”, son las palabras de experiencia de don Bernardo, nacido y criado en el poblado de no más de 23 familias, de unos 80 habitantes.
 
Mientras don Bernardo sale de su casa, uno de sus vecinos, don Hernán Hernández, señala a un lado y al otro: “¿ve esa montaña, ese cerro? Por allá no podemos pasar, nosotros sabemos por dónde no podemos transitar, ni dejar los animales, ya sabemos que por ahí no y nos enseñamos a vivir así”.
 
Es la realidad que enfrenta la vereda desde el año 2010. Su comunidad se acostumbró a vivir entre explosivos: “nos han instruido la manera para convivir con el riesgo; entonces, nosotros nos acostumbramos. Por ejemplo, nos dicen: se pueden ir por este camino, pero por este no, nosotros respetamos esas indicaciones”, insiste don Bernardo en diálogo con Caracol Radio.
Jugar o moverse fuera de áreas determinadas puede terminar en tragedia. / Archivo Particular

Entre el miedo y la obediencia

En la vereda Orejón, no están demarcados los sectores que tienen minas u otros explosivos. Las familias solo reciben las advertencias de los propios guerrilleros para que los campesinos no transiten por ciertos predios en los cuales dejaron los explosivos.
 
Relatan los campesinos: “cada rato se escuchan explosiones porque los animalitos que están por ahí pisan las minas”.
 
Debido a esto, viven con el miedo y mantienen la obediencia. 
 
Al caminar por cada sitio en la vereda Orejón la instrucción es clara: no se puede abandonar el camino.
 
“Uno va a buscar un animal, una bestia, una vaca y a cada paso que da piensa que hay un artefacto así cerca y que lo va pisar, a mí se me han matado tres animales”, relató a Caracol Radio Elías Alejandro Hernández, otro de los habitantes de Orejón.
 
Rememoró Don Elías cómo las minas le han arrebatado algunos animales, y, lo más grave aún, se llevaron la vida de su esposa, “yo andaba con la esposa mía y otras personas, y explotó una mina, mató la esposa mía, dejando un bebé de 5 meses”.
 
Con la voz entrecortada y los ojos encharcados, don Elías admite que a su hijo, que hoy tiene dos años, le enseña, pese a su corta edad, el peligro de las minas. El niño cada vez que escucha una explosión de inmediato le dice a su padre: “Papá, pum; mina mató mula”.
Niños y animales son los más expuestos al riesgo de las minas. / Archivo Particular
Con cartillas, fotografías, anécdotas y canciones enseñan a los menores qué es una mina, sus consecuencias y cómo evitarlas.
 
“El riesgo más grande es que manipulen un artefacto desconocido o una mina, entonces a los niños se les da instrucciones como a los adultos, al niño hay que enseñarle que si ve una flor muy bonita en el bosque no puede arrimarse a cogerla, si ve un animal, también, sino que tiene que seguir solo el camino, los niños no se pueden dejar solos, ni cuando están jugando”, comentó don Bernardo Peláez.
 
Mientras corren por los pasillos de la finca o en los alrededores de la casa, y aunque para ellos sea solo un juego, los desprevenidos niños cantan su cruda realidad.
 
“Las minas antipersonales matan a personas plantas y animales (…) una mina te puede herir, matar y mutilar”, así cantan una y otra vez.
 
Los padres son conscientes del riesgo; por eso preparan sus niños, no los dejan solos y solo hasta la adolescencia les permiten salir solos, pero a unos pocos metros de la casa.
 
Llega la noche, son las 6 en punto de la tarde, todos están en casa, no se puede salir, esa es la orden y es mejor obedecer para no caer.
 
“Uno cae por desobediente, porque sí le dicen a uno después de las seis de la tarde no puede pasar por aquí; entonces las personas llegan y violan esa regla y caen muy fácil”, admite uno de los habitantes de la vereda, en diálogo con Caracol Radio.
 
La noche avanza, se asoma un nuevo amanecer, otro accidente podría ocurrir, pero, también, se fortalece la esperanza en que el estruendo de una mina sea reemplazado, para siempre, por los trinos de los pájaros.

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