Autoexamen genital femenino

Con la misma tranquilidad con que puede revisarse las manos,los genitales son parte del cuerpo que debemos conocer.

Entre las principales causas de las dificultades sexuales de la mujer está la crianza con la que le han inducido a pensar en sus genitales como algo sucio o pecaminoso. Son pocas las mujeres a quienes les han enseñado a realizarse un autoexamen genital y son aún menos quienes por su propia iniciativa lo hacen

 Con la misma tranquilidad y desinhibición con que alguien puede revisarse el cuero cabelludo o los dedos de los pies, los genitales son parte de nuestro cuerpo que debemos conocer detalladamente, tanto para su cuidado como para poder disfrutar plenamente de ellos, y con ellos, en la vida sexual activa

 Atrévase a conocer sus genitales. Disponga de un espejo manual de buen tamaño y de una buena imagen de los genitales femeninos extraída de un libro; lave bien sus manos y colóquese en una situación cómoda y privada para realizar el examen

 Sentada en el borde de una silla, de la cama o del inodoro, abra sus piernas tanto como pueda y mire en el espejo la parte externa de sus genitales

 Observará el monte de Venus, que es un colchón de grasa sobre el hueso púbico, cubierto por una vellosidad gruesa y ensortijada. Ambos protegen la zona de posibles traumas, colaboran en la ventilación para conservar una temperatura adecuada y se dice que la vellosidad guarda los olores que pueden resultar excitantes para una eventual pareja. En una mujer sana, la distribución del vello púbico tiende a ser triangular y uniforme y la piel bajo ella tersa, fuerte y sin molestias al contacto. Cualquier anormalidad en la distribución del vello, o zonas a parches, puede significar infecciones, especialmente si hay rasquiña o molestia en el área

 Al revisar un poco más en la entrepierna, se detectan los labios mayores, también gruesos y fuertes. La textura es rugosa pero uniforme  y deben ser más o menos simétricos, sin molestias al contacto y su coloración, más obscura que los alrededores, distribuida también uniformemente

 Al abrir los labios mayores se encuentra una zona formada por varias estructuras que deben analizarse cuidadosamente. Por una parte, los labios menores, desprovistos de vello que se unen en la parte anterior formando el prepucio o capuchón del clítoris. Bajo el prepucio, encontramos el clítoris; que es el vestigio de lo que habría sido un pene si ella hubiera sido hombre y ahora, para la mujer, es una de las estructuras más importantes para la aparición de orgasmos. Un poco más centrada en el área descubierta por los labios menores abiertos, se encuentra el orificio uretral –abertura por donde se expulsa la orina- y más hacia la entrepierna se encuentra el orificio vaginal. Toda esta zona está permanentemente húmeda, caliente y oscura por lo que es particularmente propensa a infecciones y debe identificarse cualquier alteración en la forma, en la textura, en las secreciones, en el color, en el olor y en la sensibilidad

 Si le es posible, para un examen más profundo, disponga de un espéculo desechable (aparato que usan los ginecólogos para mantener las paredes vaginales abiertas durante la observación), introdúzcalo y opérelo para abrir las paredes vaginales con lo que le será posible observar el interior de la vagina que debe ofrecer un color rosado, la piel interior lisa y húmeda, similar a la del interior de las mejillas en la boca, y solamente rugosa y fuerte si se toca, en su interior, apenas pasando el primer tercio vaginal

 Cualquier irritación, molestia, mal olor, cambio de color en las secreciones vaginales hacia el café o el verde, verruga o abultamiento anormal deben consultarse inmediatamente con su ginecólogo de confianza. Es mejor molestarse y consultar aunque luego le digan que todo está bien a ignorar señales peligrosas

 El cuidado debe ser con un lavado frecuente con agua corriente y jabón íntimo suave sin alterar la acidez interna por cuanto de ella depende la protección natural. No se recomienda el uso autoprescrito de lavados vaginales

 

Cargando