Para los paisas la Navidad es familiar y el Año Nuevo es de fiesta
La Navidad es más de la casa. El Año Nuevo es de grandes salones de hoteles o de discotecas.


A diferencia de la noche de Navidad que el paisa disfruta al lado de la familia, en la noche de Año Nuevo es común la celebración en lugares públicos y con un círculo que ya no se circunscribe a los suyos sino que se amplía a amigos, compañeros de estudio o trabajo o incluso a vecinos
La Navidad es propicia para conversar y compartir regalos. La noche de Año Nuevo es de fiesta, de baile y de la Cena que no puede faltar y que ya no corresponde tanto a las fórmulas tradicionales de buñuelos o natilla o al asado sino que responde más a recetas sofisticadas en las cuales el pavo se ha ido metiendo fuertemente en la mesa para la Noche de San Silvestre
La Navidad es más de la casa. El Año Nuevo es de grandes salones de hoteles o de discotecas donde se ofrecen programaciones con famosas orquestas locales o nacionales, con cena de lujo y con gran espectáculo a las doce en punto
Noche de alegría en la cual los paisas no escapan a los agüeros propios de fin de año. Todos, de una u otra forma, adoptan algún comportamiento que les asegure lo mejor para el año que llega
Por eso, a lo largo de la semana se ha visto un aumento significativo en la venta de algunos artículos o productos necesarios para poner en práctica los rituales con los cuales se vive el paso del 2013 al 2014
Algunas prácticas son gastronómicas, otras corresponden al vestuario y también hay comportamientos que se deben asumir para que los próximos 365 días sean de prosperidad
Una de esas tradiciones, cada vez con más adeptos, es el uso de los interiores amarillos. Los almacenes de ropa interior, en especial femenina, se han visto invadidos por clientes deseosos de asegurarse los llamados “cucos” amarillos que van a portar en la Noche de San Silvestre para que haya horizontes despejados en el futuro inmediato
Hasta hace algunos años, ésta era una práctica para las damas, pero en los últimos tiempos se ha extendido a los caballeros que poco a poco se han ido metiendo en esta costumbre
La venta es significativa. Los interiores se consiguen en almacenes especializados o en puestos informales en plena vía pública. Los hay de todas las tallas y de todas las calidades y precios. La mayor parte de los compradores optan por los baratos ya que los consideran desechables, para utilizar en la noche del 31 y nada más. El valor promedio es de cinco mil pesos
En el tema gastronómico hay varias costumbres. Dos se destacan: las doce uvas y las lentejas. Las primeras deben ingerirse una en cada una de las campanadas del reloj. Las segundas pueden comerse o incluso, meterse en los bolsillos para que haya abundancia en el año que llega
Y en el ámbito de los comportamientos, en el paisa predomina su espíritu de trotamundos. Por eso es común observar, justo a la media noche, a un montón de personas que le dan la vuelta a la manzana arrastrando una maleta. Es la forma de asegurarse algún o algunos viajes a lo largo del año que despunta
Como ocurre con todos los agüeros nadie garantiza que se van a cumplir los deseos pero nadie quiere correr el riesgo de quedarse quieto y luego pagar las consecuencias
Eso sí, todos tenemos fe en un futuro mejor y a eso ayudamos con algunas promesas, varias de las cuales se olvidan en febrero. Y todos, con uvas o sin uvas, con interiores amarillos o de cualquier color, con cena sofisticada o con tradicional bandeja, tan pronto llegan las doce es el momento de los abrazos con quienes están alrededor y de marcar celulares para desearle, a quienes están lejos, lo mejor en el año que llega
Es la hora del rito más sencillo, más común pero al mismo tiempo más profundo. Hora de gritar bien fuerte: ¡Feliz Año!




