Yo no quiero, pero mi pareja sí…

Una de las molestias frecuentes en parejas se da por no aceptar que el sexo a veces es inoportuno o no deseado.

Una de las discusiones o molestias frecuentes en parejas se da por no aceptar que el sexo, al igual que los deportes o los entretenimientos, tiene momentos para disfrutarlo y hay otros en los que es inoportuno o no deseado. Algunas veces a quien se le ha insinuado una relación sexual se presta para participar sin mucho entusiasmo, aunque más delante y ya involucrados en la relación sea partícipe activo(a) y lo disfrute

Qué difícil resulta para muchos entender que el hecho de que alguno de los dos sienta deseo no implica que el otro esté en las mismas condiciones. Pero más difícil resulta controlar los pensamientos irracionales e intrusivos que convierten una sencilla situación de no estar con ánimo para una relación sexual en aquella que se interpreta como “no me quieres”, “ya no me deseas”, “yo soy mal amante”, “estás de mal genio conmigo…”, etc

Aún peor, situación solo excusada cuando el rechazo se repite incesantemente, resulta la reflexión de quien es rechazado y que le lleva a concluir que “es incómodo proponer una relación sexual cuando los gestos de su pareja sugieren que, en caso de aceptar y sintiéndose mal por sus continuos rechazos, apenas le está haciendo el favor de ayudarle a quitarse las ganas…”Lo sorprendente es que estas situaciones se presentan aún en casos de apenas una negativa –o tal vez un par- con las que inmediatamente se gesta una tensión en la comunicación verbal y gestual por parte de ambos y finalmente lo que se obtiene es que aunque los dos quisieran luego ese encuentro sexual, ninguno se atreve a insinuarlo al otro

Qué frecuente es posible hacer notar a los dos miembros de la pareja –en una reconstrucción detallada de la situación para que se entiendan mutuamente, generando la empatía necesaria- que ambos están a la espera de que el otro tome la iniciativa; bien para demostrarle que ahora sí quiere y tiene disposición, o bien para proteger su autoestima de un posible nuevo rechazo, o como contraprestación por haberse negado en una ocasión anterior

Lo que más se tiene que considerar es que estas situaciones son más usuales en quienes no muestran una comunicación afectiva y de contacto físico cotidianos. Cuando la relación es distante y se pasa de esa lejanía a una insinuación sexual es más probable un rechazo por indisposición; diferente de una relación muy cercana y afectuosa, de mucho contacto físico en la que las caricias, aún sin intención sexual, pueden desencadenar el deseo de uno y otra y, sin insinuaciones o solicitudes, espontáneamente terminar en una muy agradable relación sexual.

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