Internacional

El líder de Jemer Rojo, condenado a cadena perpetua por el exterminio padecido por Camboya

Por los hechos ocurridos en la prisión que dirigió, muchos son los camboyanos que identifican a Duch como el más cruel de los torturadores del Jemer Rojo.

Kaing Guek Eav, alias Duch, el jefe torturador de la máquina de matar que el Jemer Rojo empleó durante 44 meses para aniquilar a miles de personas, fue hoy condenado por el tribunal internacional de Camboya a pasar el resto de sus días en la cárcel. La Corte Suprema impuso a Duch la cadena perpetua durante la vista de la apelación presentada por el que fuera el director del principal centro de detención del Jemer Rojo al estar disconforme con la pena de 35 años de prisión dictada en 2010 por el tribunal auspiciado por Naciones Unidas. El veredicto de culpable de exterminio, se une así al previo que le declaró convicto de crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra por torturar y ordenar asesinar a al menos 14.000 personas que pasaron por el centro de detención de Tuol Sleng, también conocido como S-21. En julio de 2010 concluyó el largo juicio de Duch, plagado este de espeluznantes testimonios de supervivientes y subalternos a los que ordenó que arrancasen las uñas con tenazas, quemasen vivas, degollasen o matasen a golpes a lo detenidos Por esos hechos ocurridos en la prisión que dirigió, muchos son los camboyanos que identifican a Duch como el más cruel de los torturadores del Jemer Rojo. Duch nació el 17 de noviembre de 1942 en el seno de una familia de origen chino en la provincia de Kompong Thon, y con catorce años comenzó a interesarse por el comunismo. A principios de la década de 1960 ingresó en el clandestino Partido Comunista de Kampuchea, por lo que fue encarcelado sin juicio durante dos años en la prisión de Prey Sar, donde era común torturar a los presos. Tras la amnistía que siguió en 1970 al golpe del general Lon Nol, Duch consiguió un empleo de jefe de la M-13, una cárcel en una zona bajo control del Jemer Rojo, y más tarde se encargó de la prisión M-99, donde se cree que fueron ejecutadas cerca de 20.000 personas. Fue en aquella época cuando perfeccionó diferentes métodos de tortura para extraer información a los presos. En abril de 1975 y tras la llegada al poder del Jemer Rojo, el ministro de Defensa del régimen, Son Sen, encargó a Duch establecer la sede de los interrogatorios de la "santebal" o Policía política. Un año después, el carcelero fue ascendido a comandante del centro de detención de Tuol Sleng o S-21, hoy Museo del Genocidio. De 14.000 a 16.000 personas -incluidos ministros, diplomáticos, extranjeros y hasta 2.000 niños- fueron torturadas en esa cárcel de alambradas electrificadas antes de ser asesinadas después en los campos de exterminio de Choeung Ek, a las afueras de Phnom Penh. A finales de 1978, con paranoia del Jemer Rojo descontrolada y como aumentaban la llegadas de detenidos a Tuol Sleng, Duch ordenó -por falta de tiempo- acelerar las ejecuciones. En enero de 1979 y cuando las tropas de Vietnam estaban a las puertas de Phnom Penh, Duch y su pelotón de verdugos fueron de los últimos en huir, sin tiempo para destruir miles de documentos y fotografías de las víctimas que sirvieron a los fiscales para investigar las atrocidades. Al igual que otros dirigentes y guerrilleros del Jemer Rojo, Duch se refugió en la jungla cerca de la frontera tailandesa, donde se ocultó en un campo de refugiados y donde se relacionó con cooperantes extranjeros que desconocían su verdadera identidad. Tras la firma de los acuerdos de paz de París en 1991, Duch y su familia se trasladaron a una aldea, pero cuatro años después y tras el asesinato de su mujer por unos bandidos, se mudó a la ciudad de Svay Chek, donde adoptó el credo evangelista y se hizo pastor. Las autoridades camboyanas conocían su paradero desde hacía años, pero el jefe torturador del Jemer Rojo no fue detenido hasta mayo de 1999, tras una entrevista publicada por la desaparecida revista "Far Eastern Economic Review". Al inicio del juicio, este hombre de pequeña estatura y mirada penetrante aparentó ser dócil, pero a medida que avanzaba el proceso reveló su auténtica naturaleza, con un comportamiento desafiante.

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