La Meca y el Islam entero viven hoy su gran día de fiesta
Los cerca de tres millones de peregrinos que abarrotan La Meca celebran hoy, junto a los musulmanes de todo el mundo, la "Fiesta Grande" del sacrificio, en la que millones de carneros serán sacrificados en recuerdo de Abraham.
Los cerca de tres millones de peregrinos que abarrotan La Meca celebran hoy, junto a los musulmanes de todo el mundo, la "Fiesta Grande" del sacrificio, en la que millones de carneros serán sacrificados en recuerdo de Abraham. La ruta entre el santuario de La Meca y Mena, de apenas ocho kilómetros, está atestada de gente que tiene que cumplir en esta jornada festiva otro importante rito: apedrear al Diablo, también en imitación de lo que hizo Abraham o Ibrahim, el profeta al que los musulmanes califican de "padre de las naciones". Las muchedumbres de peregrinos abandonaron ayer con el ocaso la efímera ciudad de Arafat -sólo dura un día- y se encaminaron, con sus pertenencias en un petate, a pie o subidos en los techos de autobuses y camionetas, hacia el valle de Mena, donde deberán pasar dos o tres días. Este trayecto entre Arafat y Mena es uno de los puntos críticos de la peregrinación, pues acoge a dos o tres millones de pasajeros en cuestión de unas horas, y deben pasar forzosamente durante la noche por dos únicos puentes, donde algunos años se han producido avalanchas humanas de trágicas consecuencias. Es un milagro que no sucedan más accidentes en estos dos puentes donde hileras interminables de camionetas y autobuses, con apenas un palmo de distancia entre sí, se pelean por salir de Arafat junto a miles de peregrinos con bebés, sombrillas y maletones en el brazo o la cabeza, que cantan impasibles a Alá. La jornada nocturna tiene una primera parada en Muzdalifa, una montaña donde es costumbre para el peregrino recoger los guijarros -"no más pequeños que una lenteja, no más grandes que una avellana"- con los que apedreará las tres columnas que representan al Diablo en Mena. Se dice que el Diablo, cuando vio a Abraham compungido pero resuelto a matar a su hijo porque así se lo había ordenado Dios, insinuó la desobediencia en su oído en tres ocasiones: "¿cómo puede pedirte eso tu Dios? ¿no ves que no te quiere? `No le hagas caso!". Tres veces le tentó Satán y tres veces resistió Abraham. El resto de la historia es más conocido. En el valle de Mena se alzaban tres columnas que representaban las tres tentaciones de Satán. Este se ha convertido en otro punto crítico de las peregrinaciones, donde suelen producirse avalanchas. Es de creer, porque los peregrinos se acercan a las columnas en estado de semi-trance y, al grito de "Alahu Akbar", arrojan siete piedras contra cada una de las columnas. Su ira contra el Diablo es manifiesta, y pueden arrollar a quien se encuentre por delante sin siquiera percatarse. Un grupo de seguidoras del Hizbolá libanés, pañoleta amarilla al cuello, se acercan en masa con sus puñados de piedras. La excitación se palpa en el aire. Hay una voluntad diáfana de hacer daño al Maligno, es decir, a la estela de piedra. El Estado saudí ha aumentado el tamaño de las columnas -ahora son en realidad estrechos muros de gran altura- y ha construido un mirador para poder arrojar las piedras desde dos alturas distintas, pero los accidentes se siguen produciendo. Y después de dejar malherido a Satán, los peregrinos deberán bajar hasta La Meca a dar otras siete vueltas -de nuevo el número siete, asociado a numerosos momentos de la peregrinación- a la Caaba. Sólo entonces los varones podrán despojarse de su "ihram", su hábito blanco de dos piezas, podrán afeitarse y perfumarse y podrán visitar a sus mujeres. Casi todos aprovechan para raparse la cabeza en una de las incontables barberías de La Meca que estos días hacen su agosto. Y el peregrino, que ya ha cumplido los principales deberes rituales, está ya listo para degollar el cordero pascual y comenzar la fiesta grande. Exactamente al mediodía. Junto a más de mil millones de personas en todo el mundo.Millones de corderos inmolados en la fiesta del Aid El Adha Millones de corderos fueron inmolados hoy en Túnez y Argelia, como en el resto de los países musulmanes, con motivo de la fiesta del Aid El Adha que recuerda el sacrificio de Abraham. La festividad tiene lugar al término del peregrinaje anual a La Meca, lo que constituye una de las obligaciones que todo musulmán debe efectuar al menos una vez en su existencia. El Antiguo Testamento cuenta que Abraham debía sacrificar a su hijo Ismael para mostrar su sumisión a Dios, como la divinidad le había ordenado, pero en el momento de realizar su gesto Dios le ordenó ejecutar en su lugar a un cordero. No obstante el elevado precio de los animales, que en Túnez oscila de 150 a 250 dólares, y en Argelia es superior a los 300, las familias se esfuerzan por cumplir cada año la tradición. Los animales son sacrificados al concluir el rezo de la mañana y, en su mayor parte, las familias recurren a matarifes que recorren las calles con sus instrumentos para ofrecer sus servicios. La fiesta dura dos días enteros y es habitual también que se ofrezca a los niños vestimentas y zapatos nuevos, lo que encarece la verdadera sangría económica a la que se prestan de buen agrado las familias. La matanza se acompaña del consumo de copiosos asados que, presumiblemente, hacen de estos dos días las jornadas en las que el musulmán hace acopio de cantidades exorbitantes de proteínas, que en muchas ocasiones les conducen a los hospitales para calmar los efectos de las comilonas. Es habitual, asimismo, que una parte de la carne no consumida durante el Aid sea donada a los pobres, bien de una forma directa o a través de instituciones reconocidas. En Argelia existe también la costumbre de acompañar los asados con el "buzeluf", una preparación al horno de la cabeza de los animales sacrificados.




