Los rusos consideran más delincuentes a los policías que a los criminales
La mayoría de los rusos considera a los policías más delincuentes que a los propios criminales, que junto con los hombres de negocios se sitúan en tercer lugar, detrás de los altos funcionarios del Estado, entre los trabajos más infiltrados por la corrupción
La mayoría de los rusos considera a los policías más delincuentes que a los propios criminales, que junto con los hombres de negocios se sitúan en tercer lugar, detrás de los altos funcionarios del Estado, entre los trabajos más infiltrados por la corrupción. De acuerdo a una encuesta efectuada por el Centro Levada entre 1.200 habitantes mayores de 18 años y residentes en las principales ciudades de Rusia, para el 38 por ciento de los rusos la profesión de policía es la "más criminalizada". Siguen a los policías, con un 19 por ciento, los "ministros, funcionarios del Estado y diputados" y sólo en el tercer lugar, con un 14 por ciento, aparecen los criminales en el verdadero sentido de la palabra: "asesinos a sueldo, chantajistas, narcotraficantes y terroristas". El sondeo se realizó de modo que los encuestados no tenían que elegir entre unas "profesiones" indicadas, sino que eran ellos mismos quienes las mencionaban. Sin embargo, para Oleg Yélnikov, portavoz del Departamento de lucha contra el crimen organizado y el terrorismo, del Ministerio de Interior, el planteamiento mismo de la encuesta es incorrecto. "Ninguna persona sensata considera que asesino a sueldo o bandido son profesiones", comentó indignado al diario "Védomosti" . A juicio del director del Centro, Yuri Levada, la imagen criminal de la policía, la burocracia y los diputados se debe ante todo a "la actual falta de transparencia del poder". "La gente apenas tiene idea de a qué se dedican los funcionarios del Estado y su actividad no le infunde esperanza alguna", indicó el sociólogo en entrevista al diario "Nóviye Izvestia". Como resultado, "en la memoria de la gente quedan los numerosos escándalos de corrupción en la policía y la compra de carísimas mansiones por funcionarios públicos". "Nuestra gente no estima a los burócratas y diputados y la mayoría está convencida de que solo piensan en su propio bolsillo", remató Levada. Ello se debe "ante todo a la práctica cotidiana de la gente, que cada vez con más frecuencia choca con la concusión", opinó Konstantín Remchukov, asesor del ministerio de Desarrollo Económico. El menosprecio de los rusos hacia sus legisladores lo confirma un sondeo efectuado recientemente por Romir Monitoring, que pedía a los rusos valorar la gestión de la Duma de Estado (Cámara de Diputados). La mayoría, un 61 por ciento, reprueba la labor de los diputados y sólo un 21 por ciento la ve con buenos ojos. A juicio de Gueorgui Satárov, ex asesor del presidente Borís Yeltsin y uno de los politólogos rusos de mayor renombre, "el crecimiento de la corrupción en los últimos años influye directamente en la opinión de la gente sobre los empleados públicos". Según los resultados de un estudio efectuado por el propio Satárov, los niveles de corrupción en Rusia se multiplicaron por diez en los últimos cuatro años. La corrupción ha movido 316.000 millones de dólares en sobornos desde los 33.500 millones de dólares en 2001, segundo año en el poder de Vladímir Putin, que llegó al Kremlin precisamente bajo la bandera de la lucha contra la corrupción y el fraude personificado por los oligarcas. En el mundo de los negocios las cifras de corrupción aumentaron de 23.000 millones a 243.700 millones de dólares en sólo cuatro años. A tenor de estas cifras, el actual volumen de corrupción en el mundo de los negocios en Rusia es casi tres veces mayor que los ingresos del presupuesto del Estado ruso para este año. Antes de su reelección en marzo del pasado año, Putin creó un Centro Anticorrupción, con el propósito declarado de combatir este "fenómeno social" con la derogación de las leyes y normas de "doble interpretación". Aquel centro fue encabezado por el entonces primer ministro, Mijaíl Kasiánov. Hoy Kasiánov es investigado por la Fiscalía por la compra presuntamente fraudulenta al Estado de una residencia campestre estatal por valor de decenas de millones de dólares. También los fiscales, jueces y abogados figuran entre los escandalosos resultados de la encuesta de Levada: son cuartos entre los "más criminales", pero ocupan el primer lugar entre las profesiones más codiciadas, según el 29 por ciento de los encuestados.




