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Dos cineastas colombianos ruedan con jóvenes marginados en Berlín

Los cineastas colombianos Felipe Solarte y Juan Pablo Félix trasladarán a barrios populares de Berlín un experimento social que ha dado resultado en Bogotá, el de hacer participar a niños de la calle en proyectos cinematográficos para sacarlos de la marginación.


Berlín.--- Los cineastas colombianos Felipe Solarte y Juan Pablo Félix trasladarán a barrios populares de Berlín un experimento social que ha dado resultado en Bogotá, el de hacer participar a niños de la calle en proyectos cinematográficos para sacarlos de la marginación.
Se trata de convencer a niños y jóvenes -la mayoría de origen turco, kurdo y árabe, muchos de ellos sin techo- que viven en el distrito de Kreuzberg-Friedrichshain, uno de los más pobres de la ciudad, para rodar tres cortometrajes a partir del próximo mes.
La idea del proyecto, promovido por el programa ASA de intercambio académico entre Alemania y países en vías de desarrollo, permitirá también a cineastas alemanes embarcarse en una experiencia similar en Colombia.
El reto no es nuevo para Solarte y Félix, autores de filmes rodados en Bogotá en condiciones similares a las de "La vendedora de rosas" (1998), película de Víctor Gaviria que muestra con una enorme crudeza el día a día de niños y jóvenes de Medellín, algunos de los cuales fueron asesinados después del rodaje.
Félix cuenta así su experiencia de rodaje en cuatro barrios pobres de Bogotá: "Trabajamos con ladrones, vendedores de armas, toxicómanos y jóvenes en una situación muy difícil que en algunos casos son víctimas de la llamada ´limpieza social´".
En las grandes ciudades colombianas se conocen como "limpieza social" las operaciones de comerciantes de barrios azotados por la violencia que deciden contratar a sicarios para que maten a tiro limpio, desde automóviles con lunas oscuras, a los jóvenes que delinquen para subsistir, explica.
"Un día llegaron unos chicos que nosotros sabíamos que eran ladrones y nos dijeron: ´Estamos cansados de la violencia. Ustedes trabajan con cámaras y material de cine. ¿Podemos hacer algo?´", relata Félix, quien recalca que "pretendemos, de forma muy idealista, darles la oportunidad de una perspectiva de vida".
Esa experiencia la tuvieron con el proyecto "Visages", del que surgieron cuatro cortometrajes y que permitió crear una fundación gracias a la que esos jóvenes pueden trabajar en producciones audiovisuales y abandonar así la delincuencia.
"Nosotros no somos trabajadores sociales ni antropólogos ni nada por el estilo. Sólo queremos ser sus amigos. Hubo algunos de ellos que querían no sólo actuar, sino también ayudar en tareas como el maquillaje o la producción", recuerda el director.
El rodaje de películas en esas condiciones está rodeado de numerosas dificultades porque los jóvenes "contratados" no acuden todos los días y no muestran siempre el mismo entusiasmo.
"Una vez me enfrenté con cuatro de ellos que se estaban peleando. Vi que empezaba a salir sangre y entonces paramos, porque en ese momento la película deja de ser importante y lo que hay que hacer es hablar del conflicto e intentar solucionarlo", explica.
Pero no todas las escenas que se viven durante esas jornadas de filmación son tan dramáticas. Félix recuerda que, rodando en uno de esos barrios de Bogotá con sesenta chicos, los vecinos empezaron a pensar que se trataba de una secta satánica y, una vez aclarado que no tenían nada que ver con el demonio, se sumaron al rodaje.
Félix y Solarte rodarán sus cortos en el citado distrito berlinés y en Solingen, bastión de los trabajadores de la industria del acero en el estado federado de Renania del Norte y Westfalia que se hizo tristemente famoso en 1993, cuando un incendio provocado por motivos racistas mató a tres niñas y a dos mujeres turcas.
Durante el rodaje, los directores estarán acompañados en todo momento por un equipo de técnicos, intérpretes y trabajadores sociales que conocen la realidad de los marginados alemanes.
Uno de ellos es Mathias Bruzio, quien trabaja con jóvenes turcos que vive en las calles de Kreuzberg y cuenta que los chicos "tienen una identidad cultural escindida".
Los chicos "están sujetos a unas costumbres muy estrictas relacionadas con la sociedad y la religión de sus países de origen", mientras que en el colegio "se enfrentan a un mundo completamente alemán", explica.
Los promotores del proyecto quieren exhibir los cortos en festivales de cine y conseguir así una difusión notable, como la que tuvo el corto de Solarte "Instrucciones para robar una motocicleta" (1998), varias veces premiado.

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