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Socialistas piden que se "bloquee" a Le Pen en la segunda vuelta

El Partido Socialista (PS) instó hoy, lunes, a los franceses a "bloquear" al candidato de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que se enfrentará al neogaullista Jacques Chirac.

PARIS.---- El Partido Socialista (PS) instó hoy, lunes, a los franceses a "bloquear" al candidato de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que se enfrentará al neogaullista Jacques Chirac.
"Sabemos que Chirac es nuestro adversario, pero sabemos que Le Pen es un peligro para la República", dijo a la prensa el primer secretario de los socialistas franceses, Francois Hollande, un día después del fracaso electoral de su candidato, el primer ministro Lionel Jospin, y el desmoronamiento de la "izquierda plural".
Los socialistas "siempre han sido militantes de la lucha contra la extrema derecha", declaró Hollande al final de una reunión del buró nacional del PS, en la que se debatió la postura de la formación ante la segunda vuelta del 5 de mayo y la recomposición de la izquierda de cara a las legislativas de junio.
Sobre los comicios legislativos, Hollande indicó que él será cabeza de lista de los socialistas para las elecciones del 9 y el 16 de junio próximo.
A la apertura de la reunión del buró nacional del Partido acudió Jospin, quien ayer anunció que abandonará la política tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Antes de esta sesión, la mayoría de los dirigentes socialistas ya habían instado a votar a Chirac para evitar un triunfo de Le Pen.
Según las encuestas, Chirac conseguiría entre un 77 y un 80 por ciento de los votos en la segunda ronda, frente al 20-23 por ciento de Le Pen.
CON HABITOS DE CANDIDATO ANTISISTEMA, LE PEN LOGRO SU VIEJO SUEÑO
La presencia histórica del ultraderechista Jean-Marie Le Pen y de su mensaje antieuropeo y antiinmigración en el duelo final por el Elíseo muestra el rechazo del electorado francés a políticos que no han sabido responder a su sentimiento de exclusión y de inseguridad.
A la cuarta va la vencida. A los 73 años, Le Pen paladea hoy el dulce sabor de una victoria largamente ansiada, en la que se había empleado a fondo en sus tres campañas anteriores a la Presidencia del Estado.
Un triunfo, calificado por sus adversarios de "golpe político del siglo", "seísmo", "cataclismo" o "trueno", que pone un doble broche de oro a sus treinta años de carrera política: medirse en duelo con el neogaullista Jacques Chirac, al que odia, y asestar un mazazo a la izquierda y, en concreto, al socialista Lionel Jospin.
Satisfecho por haber dado dos varapalos por el precio de uno, Le Pen interpretó los resultados como un "fracaso" de Chirac y Jospin.
Vestido con sus nuevos hábitos de hombre sensato, templado por los años y con un discurso más moderado en el que eludió las provocaciones, un exuberante Le Pen (respaldado con el 17,2%, frente a los 19,67% de Chirac) hincha pecho, dispuesto a debatir con el presidente-candidato Chirac "dónde y cuándo quiera".
Chirac aún no se ha pronunciado sobre si accederá al tradicional debate televisivo entre los dos finalistas en la carrera al Elíseo.
Aunque más al alcance de la mano desde anoche, el sueño de Le Pen de desalojar al actual inquilino del Elíseo tiene pocos visos de convertirse en realidad, ya que la "barrera" común que pretenden construir contra él las fuerzas tradicionales de izquierda y derecha va camino de convertirse en un muro infranqueable.
En un tono melodramático, Le Pen se dirigió a los "pequeños", a los que "sufren" y a los "excluidos" de Maastricht y de la globalización para que no "tengan miedo" en apoyar a alguien como él que también ha conocido "el frío, el hambre y la pobreza".
Heredero del cementero Hubert Lambert, el más rico de los 16 candidatos a la primera vuelta de las presidenciales con un patrimonio estimado de 2,6 millones de euros, ha dejado en un discreto segundo plano su tradicional caballo de batalla de la inmigración para poner el acento en lo social y en la inseguridad.
Se define como un "hombre de pueblo", "socialmente de izquierdas, económicamente de derechas y, más que nunca, nacionalmente de Francia".
Su cuartel de campaña "Paquebot" en Saint-Cloud (afueras de París), donde tiene una soberbia residencia, celebró con jubilo y lágrimas de alegría hasta altas horas de la madrugada el paso histórico de Le Pen, que según los analistas refleja el avance de la extrema derecha detectado en otros países de la Unión Europea (UE).
Paralelamente miles de ciudadanos salían espontáneamente a la calle en París y en decenas de ciudades de Francia para expresar su "ira", "vergûenza", "miedo" e "indignación" ante algo que ha conmocionado al país.
Esas multitudinarias movilizaciones continúan hoy en respuesta al llamamiento de organizaciones antirracistas y fuerzas de izquierda.
El resultado de Le Pen sumado al de su ex "delfín" y ahora rival, el también ultraderechista Bruno Mégret (2,36%), se aproxima al 19,67 por ciento cosechado por Chirac.
Tras descartar hoy unirse a Le Pen de cara a las próximos comicios legislativos de junio, en los que éste último podría tener un peso no desdeñable, Mégret llamó anoche a sus simpatizantes a votar por su antiguo mentor el 5 de mayo.
Esa extraordinaria subida de la ultraderecha se explica, según los analistas, por la sensibilidad del electorado a las ideas tradicionales de Le Pen, quien recientemente ironizó sobre la "lepenización de los espíritus" en Francia.
Los atentados del pasado 11 de septiembre en Estados Unidos, el aumento de los crímenes y delitos en Francia, el sentimiento generalizado de que se están perdiendo los valores de la autoridad y de la disciplina y la erosión de los partidos tradicionales han contribuido, sin duda, a la imparable subida de Le Pen.
En medio de ese "mare magnum" pasó desapercibido su programa social y económico que, según los expertos, es una mezcla incoherente de medidas ultraliberales y proteccionistas, que "recuerdan a los fascismos europeos de los años 30".
Quiere eliminar el impuesto sobre la renta y aumentar los gastos militares, familiares y de seguridad. Desea que Francia salga de la construcción europea y recupere el franco como moneda nacional.
Insiste en dar prioridad a los franceses en el empleo, eliminar las 35 horas semanales, luchar "contra los "lobbies" y los "feudos sindicalistas", así como prohibir el aborto, entre otras cosas.

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