Justicia

Campesinos destruyen con lentitud cultivos de coca

Sólo unas pocas de las 35.000 familias campesinas afincadas en el corazón de la zona cocalera de Colombia que prometieron destruir los cultivos de coca a cambio de la ayuda del "Plan Colombia" lo han hecho, dijo un funcionario gubernamental.

BOGOTA.--- Sólo unas pocas de las 35.000 familias campesinas afincadas en el corazón de la zona cocalera de Colombia que prometieron destruir los cultivos de coca a cambio de la ayuda del "Plan Colombia" lo han hecho, dijo un funcionario gubernamental.
Pero Gonzalo de Francisco, encargado de distribuir la ayuda económica bajo el multimillonario Plan Colombia en las selvas húmedas y sin ley del departamento del Putumayo, al sur del país, espera que los campesinos comprendan que el dinero prometido está en camino y cumplan su parte del trato.
El Plan Colombia es una estrategia de zanahoria y garrote apoyada por Estados Unidos, que aporta 1.000 millones de dólares en asistencia militar, que promete dinero a los agricultores pobres que cambien la coca por cultivos alternativos y amenaza con operaciones de fumigación si no lo hacen.
Pero, un año después de iniciado el programa en la clave región del Putumayo, sólo el garrote como parte de la ecuación ha hecho progresos en reducir las cosechas de drogas, dijo De Francisco.
"Yo estoy convencido de que necesariamente tienen que haber resultados en los próximos tres meses", dijo recientemente De Francisco a un grupo reducido de periodistas.
Bajo el pacto voluntario de erradicación, los campesinos deben terminar con los cultivos de coca, cuya hoja es la materia prima de la cocaína, a más tardar a mediados del 2002.
La lucha para reducir los cultivos ilícitos en Colombia se hace más difícil por los 37 años de guerra interna que vive el país y por la fuerte presencia de los grupos ilegales armados en el Putumayo.
Tanto las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los grupos paramilitares de ultraderecha, sus enemigos, han admitido recibir dinero proveniente del narcotráfico.
SE EXTIENDEN PLANTIOS DE COCA PESE A PACTOS
Aún no están disponibles las fotografías tomadas vía satélite en la zona, pero De Francisco estima que el Putumayo tiene actualmente entre 50.000 y 55.000 hectáreas sembradas de coca.
Esta cifra es un poco menos de la mitad de la cosecha total en Colombia, el mayor productor a nivel mundial del alcaloide.
Antes de ser lanzado en diciembre el programa de erradicación masiva, en el Putumayo habían unas 66.000 hectáreas senbradas con coca, pero la reducción no se debe directamente a que los campesinos estén eliminando sus propias cosechas.
"El principal problema que hay en el Putumayo es que aún pese a todo lo que hemos hecho, todavía no hemos logrado que la comunidad asuma toda la confianza en el tema social", afirmó De Francisco.
En algunos casos, los traficantes de droga han impedido a los campesinos dejar la coca y por el contrario han realizado nuevas plantaciones.
Se han asignado cerca 50 millones de dólares para alejar a los campesinos de la región de los cultivos de coca.
Bajo los primeros pactos firmados hace un año con las familias que se comprometieron a cambiar sus cosechas de coca, se giraron 850 dólares para cada una, destinados a suministros agrícolas y ayuda técnica.
Pero el gobierno asegura que lograr el funcionamiento legal de una finca tiene sus demoras, entre otras razones porque el desembolso del dinero requiere de trámites.
Tras un largo receso, los aviones gubernamentales empezaron a fumigar, a principios de noviembre, los cultivos en la zona.
Los terrenos seleccionados para la aspersión incluyen entre 10.000 y 15.000 hectáreas de plantaciones de coca, además de las 5.000 hectáreas de cultivos pertenecientes a labriegos que no firmaron el acuerdos.
Algunos campesinos de la región sostienen que ellos firmaron pactos con el gobierno y, sin embargo, fueron afectados por la fumigación aérea, la cual continuará por varias semanas.
El gobierno también está invirtiendo aproximadamente 100 millones de dólares en carreteras y otras obras de infraestructura en la región para romper el histórico aislamiento de la zona selvática ubicada en la frontera con Ecuador.
Los campesinos aseguran que sin las vías no pueden comercializar sus cosechas legales.
Irónicamente, fue la lejanía del Putumayo la que atrajo a muchos campesinos. El aislamiento y la falta de mando gubernamental fueron la plataforma perfecta para el desarrollo de cosechas ilegales.

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