El Congreso hará la vida difícil al próximo presidente de EEUU
El próximo presidente de Estados Unidos probablemente tendrá grandes dificultades para dejar su impronta en la política estadounidense, frente a un Congreso dividido en dos bloques prácticamente iguales.
WASHINGTON.--- El próximo presidente de Estados Unidos probablemente tendrá grandes dificultades para dejar su impronta en la política estadounidense, frente a un Congreso dividido en dos bloques prácticamente iguales.Ya sea el demócrata Al Gore o el republicano George W. Bush, quien acceda a la Casa Blanca se enfrentará a un panorama político nuevo, surgido de la crisis política que afecta a Estados Unidos."El próximo presidente deberá ser muy hábil con el Congreso", estimó el politólogo Stephen Hess, del centro de estudios Brookings Institution de Washington.El próximo morador del salón oval, advierte el especialista, "se debe preparar para atravesar momentos difíciles".Al iniciar su mandato, el futuro presidente no estará en condiciones de dedicarse a la realización de sus promesas electorales, sino que deberá abocarse a trabajar en la reconciliación de un país dividido."Los instrumentos del gobierno están partidos en dos. La Cámara de Representantes y el Senado están divididos de manera casi igual. La Corte Suprema actúa dividida en cinco contra cuatro en casi todos los asuntos. Es un atolladero asegurado", afirmó por su parte Dan Meyer, un estratega del Partido Republicano.En el Senado, los republicanos cuentan con una mayoría mínima de 50 bancas contra 49 de los demócratas. La banca de senador del estado de Washington (noroeste) todavía no ha sido asignada. Una victoria demócrata en ese estado implicaría una división a partes iguales de la Cámara Alta.En la Cámara de Representantes, los republicanos ostentan una estrecha mayoría de 221 curules contra 212 para los demócratas.Así las cosas, los observadores políticos consideran que el nuevo mandatario no estará en condiciones de adoptar reformas en temas delicados, como la reducción de impuestos, el retiro o el reembolso de los medicamentos, además de los asuntos prioritarios manifestados por ambos partidos durante la campaña electoral."La única chance de avanzar es hacer las cosas de forma diferente", prosiguió Meyer.Una de las principales medidas "apaciguantes" del futuro presidente podría ser, según los expertos, invitar a miembros del partido adversario al nuevo gobierno.El presidente demócrata John F. Kennedy (1961-1963) designó a un secretario del Tesoro republicano, Douglas Dillon, lo mismo que Bill Clinton escogió al republicano William Cohen para encabezar el Departamento de Defensa.Según el ex secretario general de la Casa Blanca Leon Panetta, "debe haber (...) un auténtico esfuerzo bipartidista en el seno de la administración, casi un virtual gobierno de coalición".En caso de que Bush -cuya victoria en Florida fue anunciada el domingo, lo que en teoría le daría las llaves de la Casa Blanca, aunque el fallo fue impugnado por Gore- llegue a la primera magistratura, se verá obligado -según el diario The Wall Street Journal- a desplegar todos sus esfuerzos "para sanar las heridas políticas".El politólogo John Jay Douglas, de la universidad de Houston (Texas), sugiere que el nuevo mandatario inste a uno de sus predecesores, Gerald Ford, a organizar almuerzos semanales en el Congreso con los dirigentes de ambos partidos."El próximo presidente deberá darse cuenta que será necesario trabajar sobre una base de relaciones personales con la dirección de los partidos", explicó.Si el que resulte elegido designa a uno o varios jueces a la Corte Suprema -de nueve miembros-, deberá -estima Douglas- asegurarse de que las personas escogidas sean "aceptables" para la otra parte. "No es cuestión de designar a alguien cuyos puntos de vista estén alejados del centro", insistió.




