Bill Clinton, un islote de serenidad en la tormenta electoral
Aparentando ignorar las angustias de su vicepresidente Al Gore, Bill Clinton sigue apareciendo como un islote de serenidad en medio de la tormenta electoral que tiene en ascuas a Estados Unidos desde hace cerca de tres semanas.
WASHINGTON, - Aparentando ignorar las angustias de su vicepresidente Al Gore, Bill Clinton sigue apareciendo como un islote de serenidad en medio de la tormenta electoral que tiene en ascuas a Estados Unidos desde hace cerca de tres semanas.Los últimos acontecimientos de esta serie político-jurídica no perturbaron al presidente que pasaba el largo fin de semana de Thanksgiving con su familia y sus amigos en la residencia de campo presidencial de Camp David.Gore anunció por intermedio de sus abogados que impugnaría el conteo definitivo de los votos el domingo de noche en Florida si se concede la victoria de su adversario republicano George W. Bush, y la Corte Suprema federal aceptó el viernes examinar uno de los aspectos de este embrollo.Clinton sólo salió el jueves de Camp David para jugar al golf, y reafirmó a los periodistas que conservaba "una fe total en el sistema" político norteamericano."Felizmente, vivimos en un país que tiene suficiente confianza en la democracia y creo que las cosas terminarán por arregarse", afirmó el presidente destacando que "en otros países la gente ya habría salido a las calles"."Los tribunales harán lo que tengan que hacer y no debería ser de otro modo", añadió.Desde la noche de los equívocos del 7 de noviembre, en el que los grandes canales de televisión habían anunciado primeramente la victoria de Al Gore en Florida, luego la de George W. Bush en la carrera por la Casa Blanca, antes de retractarse, Clinton se situó por encima de las circunstancias y se esforzó en cada una de sus intervenciones de tranquilizar a sus conciudadanos.A quienes se inquietan del riesgo de que esta crisis sin precedentes se prolongue aún varias semanas Clinton responde: "tenemos aún mucho tiempo ante nosotros, se supone que el Colegio Electoral (cuyos 538 miembros elegirán al nuevo presidente) no va a reunirse antes del 18 de diciembre y la ceremonia de investidura tendrá lugar el 20 de enero. Somos un país muy estable y veremos lo que ocurre".El presidente se considera igualmente confiado frente al riesgo de que su sucesor, sea quien fuere, se vea confrontado a una situación política inadministrable al menos hasta las próximas elecciones legislativas parciales dentro de dos años, en razón de las dudas que pesan sobre su legitimidad y de la profunda animosidad que reina ahora entre republicanos y demócratas."Cuando examinamos la historia norteamericana, no es inevitable que el vencedor de la Casa Blanca tenga, en circunstancias bastante similares, que hacer frente a un país profundamente dividido", afirma citando los ejemplos de los presidentes Thomas Jefferson (1801-09) y Rutherford Hayes (1877-81).También se refiere a su experiencia destacando que durante sus seis últimos años de mandato debió enfrentar una mayoría republicana particularmente hostil en el Congreso, lo que, destaca, no "me impidió cumplir mis promesas electorales como cualquier otro presidente de la historia contemporánea".




