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Carta de uno de los tripulantes del "Kursk" a su madre

"Estoy bien", "trabajo como cocinero" y "acabo de recibir mi diploma de submarinista", escribía a su madre en una emotiva carta fechada el 23 de julio uno de los 118 tripulantes del submarino ruso "Kursk", varado desde el 12 de agosto en el mar de Barents (norte de Rusia).



LONDRES.--- "Estoy bien", "trabajo como cocinero" y "acabo de recibir mi diploma de submarinista", escribía a su madre en una emotiva carta fechada el 23 de julio uno de los 118 tripulantes del submarino ruso "Kursk", varado desde el 12 de agosto en el mar de Barents (norte de Rusia).
La carta, publicada este lunes por el diario The Guardian, pertenece al submarinista Serguei Vitchenko, quien se disculpa por no haberle escrito antes. "Estábamos en alta mar y ahora estamos en el puerto, embarcando misiles", le explica.
"Cuando terminemos, volveremos al mar y luego regresaremos a Severomorsk para el desfile militar", añade. "Intentaré enviarte esta carta mañana".
"Estoy bien. Finalmente aceptaron que trabaje como cocinero, y además en la bodega", continúa Serguei Vitchenko.
En la misma carta, obtenida por una periodista del citado diario en Murmansk (Rusia), el tripulante del "Kursk" destaca que los cocineros gozan de algunos privilegios como por ejemplo estar "autorizados a bañarse todos los días y dormir 12 horas cada noche".
El joven marino, que según The Guardian tenía 20 años, hace un par de bromas después sobre su madre, Valentina Avelene, tras haberse enterado de que ella ha obtenido su carnet de conductor. "Entonces, ¿Ahora realmente puedes conducir un auto? Para ser honesto mamá, no puedo imaginarte al volante. No veo la hora de que me envíes una foto conduciendo..."
Luego la carta aquiere un tono más serio. Serguei Vitchenko le cuenta a su madre que obtuvo su diploma de submarinista. "Estábamos a unos 100 metros, pero nuestro navío puede descender mucho más. Inclusive 480 metros (de profundidad) no es un problema", precisa.
Y para "festejar" el haber obtenido el diploma le cuenta que "fuimos convocados al puesto del comandante, donde todos bebimos una taza de agua de mar. Luego recibimos un certificado y el comandante nos estrechó la mano a todos".
"Pero -añade- después de beber agua del mar, estuvimos un poco descompuestos".
"Adiós, te quiero y te extraño, escríbeme", concluye Serguei Vitchenko en su carta, publicada íntegramente en una página interior de The Guardian, junto con una fotografía.

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