Mujeres dominicanas acuden a clinicas para recuperar virginidad
Numerosas mujeres dominicanas, de entre 30 y 40 años, acuden semanalmente a diversas clínicas del país a someterse a operaciones de himenoplastia, o lo que es lo mismo, reparación del himen para recuperar la virginidad perdida.
Numerosas mujeres dominicanas, de entre 30 y 40 años, acuden semanalmente a diversas clínicas del país a someterse a operaciones de himenoplastia, o lo que es lo mismo, reparación del himen para recuperar la virginidad perdida.En un país donde al menos el cincuenta por ciento de la población adulta confiesa tener, o haber tenido, relaciones adúlteras alguna vez en su vida, esta actitud, que puede resultar paradójica, obedece al deseo de esas mujeres de resultar más atractivas para sus novios o maridos, o bien por temor a ser rechazadas por unos pretendientes celosos y machistas.La himenoplastia cuenta con antecedentes literarios, el más sobresaliente de los cuales se encuentra en "La Celestina", la inmortal tragicomedia del judío converso de La Puebla de Montalbán (Toledo, España) Fernando de Rojas, publicada hace 500 años.La vieja Celestina, que hace de alcahueta entre los amantes Calixto y Melibea, es presentada como "maestra en coser virgos" y diestra en conjuros para enamorados.Un cirujano ginecológico del Cibao (centro), que pide el anonimato por razones profesionales, reveló que esta cirugía, que no lleva mucho tiempo y no es costosa, es bastante solicitada por mujeres que acuden a su consulta debido a la constatación del hecho de que los varones del lugar las prefieren vírgenes para el matrimonio.El especialista aclaró sin embargo que muchas mujeres no pueden someterse a esta intervención, bien porque nacieron sin himen bien porque es técnicamente imposible cuando las candidatas llevan mucho tiempo sosteniendo relaciones sexuales.El cirujano explica que aproximadamente el 20 por ciento de las mujeres nacen sin himen.La himenoplastia es un proceso consistente en unir las carúnculas himenales rotas como consecuencia de una relación sexual, u otro accidente, mediante un hilo muy fino, para colocar acto seguido una pequeña estela sintética en la entrada vaginal, con la que se crea la ilusión de una virginidad ficticia.Tras la intervención quirúrgica, las pacientes deben guardar castidad absoluta durante al menos dos semanas.El éxito de esta cirugía depende también del tiempo transcurrido desde que la paciente perdió la virginidad, ya que si ha sido reciente, más fácil será la "reparación", dice el cirujano.El especialista cibaeño aseguró que cobra a sus pacientes por la operación para recuperar la virginidad entre 5.000 y 7.000 pesos (entre 312 y 437 dólares).Una reciente encuesta publicada por la revista "Rumbo" indicaba que el casi 80 por ciento de los jóvenes de un nivel de formación medio-alto de la república Dominicana prefería que la mujer con la que iba a contraer matrimonio fuera virgen.Paradojicamente, la misma encuesta revelaba que el 57 por ciento de las mujeres era partidaria de que los muchachos con los que pensaban contraer matrimonio hubiesen tenido antes experiencias sexuales.Por otro lado, un estudio publicado la pasada semana del Programa de Control de Enfermedades de Transmisión Sexual y Sida (PROCETS)indicaba que cerca del 40 por ciento de los jóvenes dominicanos se inician sexualmente antes de cumplir los 14 años.La doctora Martha Butler, directora de PROCETS, asegura que estas contradiciones son consecuencia de la cultura de la apariencia que impera en el país, donde socialmente no está mal visto el adulterio y donde uno de los deportes nacionales es acudir con la pareja a las cabañas (moteles), que proliferan en todo el territorio y que permiten contactos rápidos en habitaciones decoradas de forma que invitan al desarrollo de las fantasías sexuales más inimaginables.Una consecuencia de esa cultura de la apariencia, y que sorprende sobremanera a los visitantes de un país considerado por muchos como paraíso sexual, es el hecho de que las parejas no se prodigan caricias o besos en público, como ocurre en Europa o Estados Unidos.Mientras tanto, y hasta hace no mucho tiempo, en zonas rurales dominicanas más atrasadas, las esposas legales o las concubinas pedían permiso a los hombres para retirarse a descansar, no sin antes formular la pregunta de rigor: "¿Esta noche, me va usted a usar?".




