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ESTUDIO REVELA QUE LA SECRETINA NO AYUDA A LOS NIÑOS AUTISTAS

Las esperanzas de encontrar una cura para el autismo han sufrido un duro golpe tras revelarse que un medicamento que se suponía milagroso en realidad es una sustancia inocua y potencialmente peligrosa.

Las esperanzas de encontrar una cura para el autismo han sufrido un duro golpe tras revelarse que un medicamento que se suponía milagroso en realidad es una sustancia inocua y potencialmente peligrosa.

El primero de una serie de estudios patrocinados por el Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano (NICHD) de Estados Unidos determinó que el tratamiento con la hormona sintética secretina no significa mejoría para niños autistas.

El problema de desarrollo afecta a uno de cada dos mil niños y sus síntomas, que aparecen antes de que cumplan tres años, son principalmente de comunicación con otros o de relación con el mundo exterior.

En el estudio participaron 56 niños que sufren el problema. De ellos, 28 recibieron una dosis intravenosa de secretina. A los 28 restantes se les inyectó una solución salina inocua. Las pruebas de comportamiento se realizaron a intervalos de un día, una semana y un mes después del tratamiento.

La investigación, cuyos detalles aparecerán mañana, jueves, en la revista New England Journal of Medicine, señaló que la administración de la secretina no alteró la conducta de los niños más que la sustancia inocua.

"Estos son los primeros resultados de un esfuerzo de parte de NICHD por investigar el uso de la secretina en el tratamiento del autismo. Sus conclusiones sugieren que la secretina no debería ser recomendada para tratar el problema hasta que se conozcan los resultados de otros estudios en proceso", dijo Duane Alexander, director del Instituto.

La secretina es una hormona que el cuerpo produce en un sector del intestino delgado y actúa sobre el páncreas para ayudar en la digestión.

A comienzos del año pasado varios medios de información describieron la forma en que un niño autista con trastornos digestivos había mejorado tras administrársele la secretina.

Como resultado de la publicidad, los precios de la hormona sintética aumentaron y, según denuncias, algunos laboratorios comenzaron a vender sustancia que no contenía ningún tipo de secretina.

El informe publicado en la revista New England Journal of Medicina indicó que algunos padres afirmaron que sus hijos habían tenido un mejoramiento considerable, otros no vieron ningún efecto y los últimos declararon que los síntomas habían empeorado.

El estudio fue dirigido por los doctores James Bodfish, de la Universidad de Carolina del Norte, y Adrian Sandler, del Centro de Desarrollo Infantil del Hospital de Rehabilitación de ese estado.

"No hemos podido demostrar que el tratamiento con secretina tenga algún beneficio. Esto sugiere que la secretina debe evitarse como tratamiento para el autismo hasta que se disponga de más información", expresó Sandler.

Marie Bristol Power, auxiliar especial para programas de autismo en el NICHD, advirtió de que también existe un peligro potencial en la administración de secretina a los niños autistas.

Señaló que debido a que la secretina es extraída de cerdos, existe la posibilidad de que pueda provocar una reacción alérgica.

Asimismo, el hidrocloruro de cistina, utilizado para estabilizar los preparados de secretina es un neurotóxico, lo que significa que podría destruir las neuronas, especialmente si se aplica repetidamente o en dosis altas.

"La secretina puede ser promisoria, pero también podría ser peligrosa. En estos momentos su aplicación debe ser supervisada en pruebas clínicas cuidadosamente controladas", agregó

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