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EL TATO SE REENCUENTRA CON UNA GRAN FAENA EN FERIA SAN MATEO

La faena de Raúl Gracia "El Tato" a un gran toro de Cebada Gago, en la penúltima tarde de la Feria de San Mateo, lo más completo y destacado del ciclo, sirvió fundamentalmente para su reencuentro, otra vez en el camino de la cumbre que tuvo cuando su despegue en La Maestranza de Sevilla hace cuatro años.

La faena de Raúl Gracia "El Tato" a un gran toro de Cebada Gago, en la penúltima tarde de la Feria de San Mateo, lo más completo y destacado del ciclo, sirvió fundamentalmente para su reencuentro, otra vez en el camino de la cumbre que tuvo cuando su despegue en La Maestranza de Sevilla hace cuatro años.

"El Tato" que deslumbró entonces no sólo por el valor y el poderío, sino también por las exquisiteces y el aroma de lo bueno, clásico y profundo, ha vuelto a encender aquella esperanza que no llegó a consumarse por la mala proyección de sus temporadas posteriores.

Ahora, precisamente con una de esas corridas de las llamadas duras, ha saltado un toro muy apto, perfecto complemento para hacer el toreo bueno, con el que el diestro maño lo bordó.

La apoteosis de la buena técnica y el temple, del regusto y la lentitud, naturalmente también del valor, tuvo un decorado muy especial, con la tormenta que cayó durante la faena. La Puerta Grande, pese a la lluvia, nunca tuvo tantos curiosos y aficionados para ver salir a hombros a un torero. "El Tato", sin duda, el gran nombre de este San Mateo.

Sin trofeos por culpa de la espada, pero también dio mucho que hablar, José Tomás, protagonista en su primera corrida de dos faenas de mucha altura. Su segunda tarde, sin embargo, y esta vez a consecuencia de los malos toros, las cosas no le rodaron.

Otro torero triunfador, pese a la negativa del presidente a materializar el reconocimiento en trofeos, fue "El Cordobés", torero que dijo mucho frente a dos de los toros más complicados de la feria, de Gabriel Rojas.

A hombros, Miguel Abellán y el local Diego Urdiales, aupados ambos por un ambiente a favor en tarde de figuras el primero y por el lógico entusiasmo del paisanaje el segundo.

"El Juli" también convenció, de artista y de valiente. Cortó sólo una oreja, que pudieron ser más si llega a meter la espada después de una primera faena en la que resolvió con maestría las dificultades del astado.

Tomás Campuzano dio una emotiva vuelta al ruedo en el toro de su despedida en Logroño, al que pudo haber cortado incluso un apéndice si llega a matarlo a la primera. También paseó el anillo otro torero de la tierra, Víctor García "El Víctor", aunque éste como aquel muy arropado por sus paisanos.

Juan Mora, en cambio, se limitó a recoger una gran ovación después de una bella faena que no tuvo buena rúbrica con la espada.

Rincón, sin calificar por la falta de toros. Como Pedro Carra, el tercer riojano que intervino en la feria, a quien hay que aplicar también el atenuante de la falta de contratos y, consecuentemente, su poco oficio para salir airoso cuando los bravos no dan facilidades. Caballero, sin pena ni gloria. Y en la "lista negra", Barrera, Rivera y Liria.

En la feria ha vuelto a fallar el toro, salvo honrosas y aisladas excepciones en la mayoría de las tardes. Y es que el concepto de trapío y bravura que se tiene en esta plaza, sobre la base siempre de las exageraciones, no puede aportar nada bueno. El toro fuera de tipo, generalmente no embiste

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