BILL CLINTON: MAS DURA SERA LA CAIDA
El presidente Bill Clinton "aspiraba a convertirse en un Lincoln o en un Roosevelt. Ahora, en lo más profundo de sí mismo, sabe que sólo le queda la opción de ser un Andrew Johnson o un Richard Nixon". <BR>Con esta corta frase, George Stephano...
El presidente Bill Clinton "aspiraba a convertirse en un Lincoln o en un Roosevelt. Ahora, en lo más profundo de sí mismo, sabe que sólo le queda la opción de ser un Andrew Johnson o un Richard Nixon".
Con esta corta frase, George Stephanopoulos, que fue confidente y primer portavoz de William Jefferson Clinton, resumió el destino de un presidente que se vio obligado a develar su cara oculta hace pocos días.
La difusión de sus aventuras sexuales en la Casa Blanca con una joven becaria californiana, y sus mentiras sobre el idilio (a pesar de un tardío arrepentimiento) podrían llevarlo a renunciar, como Richard Nixon, o podría desencadenar su destitución.
Como mínimo, el Congreso podría votar una moción de censura en su contra, como sucedió con el ex presidente Andrew Johnson en 1833.
Llegado al poder supremo en 1992 con la imagen de un político oportunista pero muy astuto, que le valió en su Arkansas natal el sobrenombre de "Slick Willie" (Willie el pícaro), Bill Clinton representa un personaje paradójico.
Raramente un presidente estadounidense hubiera logrado en seis años de poder mantener una tasa de popularidad tan elevada, al tiempo que suscitaba tantas reservas a lo largo de sus dos mandatos, y hacía dudar de su sinceridad, e incluso de su honestidad.
En 1996, Clinton entró en la historia al convertirse en el primer presidente demócrata reelecto después de Franklin Roosevelt, un premio para este modesto niño de Arkansas que, desde su más tierna edad, dedicó la mayor parte de su vida a desarrollar una ambición política sin límites.
Los polémicos asuntos que le persiguen desde su llegada a la Casa Blanca, sus infidelidades conyugales y su reelección tras el maremoto electoral republicano de 1994, dieron a la opinión pública la imagen de un hombre con pocas convicciones, dispuesto a realizar cualquier maniobra y a mentir con tal de ganar la batalla.
Por cierto, Bill Clinton aún goza de credibilidad para los estadounidenses, que valoran su interés por las aspiraciones y los problemas de sus compatriotas, incluidos los más desfavorecidos.
Pero la difusión de sus experiencias sexuales con Monica Lewinksy encendió una cruda luz sobre un presidente dispuesto a arriesgar su reputación y su gobierno para satisfacer rápidamente su líbido, capaz de negar ante sus colaboradores y ante los estadounidenses los hechos durante ocho meses, antes de confesar el romance bajo el peso de las pruebas acumuladas por el fiscal especial Kenneth Starr.
Algunos psicólogos llegaron incluso a considerar que esta conducta suicida revelaba cierta inmadurez en Bill Clinton y hasta analizaron los primeros años de su vida de huérfano (de padre), en una pequeña aldea rural de Arkansas.
Nacido el 19 de agosto de 1946 en Hope, estado de Arkansas, William Jefferson Clinton no conoció nunca a su padre. Viajante de comercio, William Blythe murió en un accidente de tránsito unos cuatro meses antes del nacimiento de Bill.
Cuando el niño tenía cuatro años, su madre Virginia Kelley se volvió a casar con Roger Clinton, un vendedor de automóviles alcohólico, que a menudo le pegaba. Recién a los 15 años Bill adoptó, por motus propio, el apellido de su padrastro.
La ausencia de padre y esta experiencia de violencia marcaron a fuego al futuro presidente. "Desde que soy niño, viví con la idea de la muerte de mi padre (...) es quizás por eso que luché tanto y que simpre tuve tanta voluntad", confió al diario The Wall Street Journal antes de ser electo por primera vez, en 1991.
En su sur rural, Clinton se contagió muy joven del virus de la política, una vocación que él mismo hace remontar a un encuentro con el presidente John Kennedy en 1963 en la Casa Blanca, cuando Bill tenía sólo 17 años.
Luego de estudiar en Georgetown y en Oxford, Bill Clinton se encontró en la facultad de Derecho de Yale, donde conoció a su futura mujer, Hillary Rodham, con quien tuvo una hija, Chelsea.
En 1976, hizo su entrada oficial a la política en el bando demócrata y se convirtió en el director de la campaña de Jimmy Carter en Arkansas.
Desde entonces, su sed de poder no conoció límites. Tras el fracaso de su candidatura a la Cámara de Representantes en 1974, se convirtió en 1978 en el "ministro de Justicia" (fiscal general) más joven de la historia de Arkansas.
Dos años más tarde, llegó a ser el gobernador más joven de ese estado, pero no logró ser reelecto.
Volvió a ganar el puesto de gobernador en 1984, inaugurando un estilo más conciliador y menos dogmático, que le permitió ser reelecto hasta su ingreso a la Casa Blanca en enero de 1993.
Esta sorprendente capacidad para sobrellevar sus fracasos tendrá dos ejemplos más durante su carrera.
La primera, a principios de 1992, cuando fue considerado políticamente muerto durante las primarias demócratas, tras dos polémicas sobre sus infidelidades conyugales y su comportamiento para evitar la conscripción en la guerra de Vietnam.
La segunda, en 1994, cuando los observadores no daban ni un peso por sus posibilidades de ser reelecto luego de la victoria de los republicanos en el Congreso.
Pero después del escándalo Lewinsky, es muy probable que William Jefferson Clinton tenga bastantes dificultades para mantener su reputación de salir airoso de cualquier situación




