Editoriales

No es hora de silencios

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El discurso oficial es ahora más oficial que nunca. Uno en el que las explicaciones y las respuestas se hacen trizas cuando chocan con un muro de palabras diseñadas para tranquilizar, evitando entrar en el escenario de las explicaciones.

Palabras de molde: el periodo del presidente Iván Duque va hasta el 7 de agosto de 2022. Lo dicen todos los funcionarios de Palacio, lo dicen todos los coroneles del gobierno, lo dicen todos los alfiles del Establecimiento… ¡lo dice hasta el propio presidente Duque!

Pero no se cruza la línea de las palabras y es necesario que el señor presidente, garante de la institucionalidad, dé un firme paso al frente y se desmarque de las dudas, de las lagunas, de las zonas grises.

Lo de recordarnos la duración de su periodo es algo que no va más allá de la tinta legal, y deja en el aire la duda de si, por debajo de la mesa, se están moviendo fichas para que terceros hagan la vuelta de atornillar al presidente al poder y de extender la presencia de otros funcionarios en sus cargos.

El presidente está en la obligación de rechazar abiertamente todo proyecto de ley que ponga en riesgo a la democracia, que pretenda soslayar las reglas de juego del Estado de Derecho y que se encamine a favorecer intereses de grupo, con la excusa de ofrecernos unas elecciones y unos periodos supuestamente más ajustados a lo práctico.

Nos alegan que la unificación electoral ahorraría recursos, cuando lo que se ahorra es en la ética. No pretendan ni por un instante que mordamos la brillante manzana envenenada del cuento.

Y no solo es el señor presidente quien tiene que ser todo lo contundente que el país reclama. Hay una larga fila de servidores públicos y líderes que deben decirle al país si comulgan o no con estas marrullas de enorme peligrosidad: cabezas de los entes de control, congresistas, alcaldes, gobernadores, magistrados, dirigentes políticos, opinadores, líderes gremiales y empresariales… todos, de manera directa y sin rodeos verbales, están en el deber de fijar posiciones y desestimar la acción de quienes parecen obsesionados con soslayar las leyes.

No es la hora de los silencios y del mutismo cómplice. Los colombianos no queremos ausencias. Los colombianos no necesitamos distractores. Los colombianos no aceptamos evasivas.

No se cansa el establecimiento de fortalecer a quien más teme, pensando con el deseo, creyendo que lo debilita. Si detrás de todo esto yace un torpe plan para demorar las posibilidades electorales de Gustavo Petro, deben entender sus diseñadores que no han hecho nada distinto de fortalecer y apuntalar a ese contendor al que tanto temen

¿Unificación electoral? La única unificación que necesitamos es la que nos congregue a todos alrededor de la verdad. Las cartas deben estar sobre la mesa y a los convidados a esta sesión les ha llegado la hora de revelar su juego. De saber si le están haciendo “conejo” a la democracia.

Es el momento impostergable de saber quién es quién en este país.

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