EDITORIAL

Nuevas modalidades delictivas

Hay una remota costumbre del ser humano: darle a toda herramienta, aparato o actividad un uso diferente al natural y llevarlo a los terrenos de la mal

A los periodistas nos obsesiona hablar bien, pero este es un oficio en el que, como los amigos taxistas, nos toca hacer las cosas a las carreras, y hemos optado por la repetición de frases de cajón como recurso de exponer ideas. Frases comunes que son como un formato que llenamos mentalmente.

Por eso hablamos de “petardos de regular poder”, de “sectores que jalonan la economía”, de la “crónica de (tal cosa) anunciada”, de la “tensa calma”, del “vital líquido”, de la “sensación térmica”, de los “ingentes esfuerzos”…

Por eso, creemos que está mal repetir palabras y, si dijimos “alcalde”, al referirnos de nuevo al funcionario, diremos “burgomaestre”… Después de “incendio”, “conflagración”; después de “médico”, “galeno”; después de “leche”, “líquido perlático”.

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Nos pasa a todos los periodistas. Uno de nuestros recursos favoritos es referirnos a “una nueva modalidad delictiva”.

Este fin de semana descubrimos dos: Sicarios en bicicleta, que asesinaron a dos de los tres ocupantes de un carro en la localidad de Bosa, y drones, definidos por los colegas de El Tiempo como “la nueva arma letal de la mafia en Colombia”. Drones que la disidencia carga con explosivos para atacar al Ejército.

Vale una reflexión sobre aquello de “nuevas modalidades delictivas”, porque en el fondo lo que hay es una remota costumbre del ser humano: darle a toda herramienta, aparato o actividad un uso diferente al natural y llevarlo a los terrenos de la maldad.

La quijada de burro, instrumento musical usado para asesinar a tu hermano.

El cuchillo como herramienta valiosa o arma asesina.

La energía nuclear como combustible del progreso o materia prima de bombas pavorosas.

Las redes, nacidas como espacio de encuentro, convertidas en escenario de odio y calumnia.

La bicicleta como transporte medioambiental o vehículo de asesinos.

El dron, como posibilidad de extender la vista, o usado para volar… volar seres humanos por los aires.

Diseñamos y creamos con un sentido, pero la práctica nos demuestra que la increíble capacidad creativa del homo sapiens termina dotando a nuestras invenciones de usos muy diferentes a los originales.

Por eso, sigamos conviviendo con las “nuevas modalidades delictivas”, nada que hacer. Pero, si se puede, bajémosle al “líquido perlático” y al “burgomaestrismo”.

 

 

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