EDITORIAL GUSTAVO GÓMEZ
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El problema es ocultar el problema

Un puñado de oficiales de alto rango continúan señalados en medios de comunicación por decisiones que, o en palacio de Nariño no ven, o no quieren ver

Ha sido otro fin de semana difícil para el Ejército, pero, sobre todo, para un puñado de oficiales de alto rango que continúan señalados en medios de comunicación por decisiones que, o en palacio de Nariño no ven, o no quieren ver.

La revista Semana se refirió, con artículo de portada, a las investigaciones que adelanta la Procuraduría contra varios generales por las presiones y persecuciones que han ordenado en el Ejército, dirigidas ellas a uniformados que se atrevieron a denunciar irregularidades, órdenes poco transparentes y hechos de corrupción.

Decepcionante, por decir lo menos, es la confirmación de que alrededor de esas acciones, que bien han dado en llamarse “cacería”, se ha producido un hecho que no puede quedar relegado a un segundo plano: muchos de esos oficiales han mentido abiertamente a la opinión pública, negando el ofrecimiento de recompensas, el acoso a subordinados, las amenazas y el matoneo y el uso de polígrafos para dar con quienes no están dispuestos a guardar silencio frente a los actos de deshonor que mancillan a la institución.

La respuesta del Ejército ha sido lánguida y de singular tibieza. En comunicado oficial donde dan cuenta de las investigaciones que adelantan los entes de control, pide el Ejército a los medios de comunicación que se respete la reserva de esos procesos.

Procesos que durmieron el sueño de los justos sin que la cúpula se ocupara de su desarrollo, y cuyo avance solo apoya el mando militar precisamente desde que enfrentaron la vergüenza de que hubiesen sido puestos a conocimiento del país por los medios de comunicación.

El comunicado invitando a la inacción de los medios parece ser un nuevo paso en falso de los muchos que han tenido coroneles y generales, obsesionados más por barrer la mugre debajo de la alfombra que por una verdadera tarea de limpieza en el Ejército.

Semana conversó con varios uniformados sobre una reunión realizada en Cúcuta, con la presencia del coronel Rodolfo Morales, y los generales Diego Villegas y Mauricio Moreno, y en la que se habría desestimado la tarea del Ejército en materia de respeto de protocolos y Derechos Humanos, y, por el contrario, se exigieron resultados, bajas, para lo cual estarían dispuestos a hacer lo que fuera, incluidas alianzas con Los Pelusos, temible Bacrim del Catatumbo. “Si toca sicariar, sicariamos, y si el problema es de plata, pues plata hay para eso”, es una de las frases que cita la revista y que lo dejan a uno frío.

No, el problema no es de plata. El problema es de honor, ética y rectitud. El problema es que una camarilla de oficiales que erraron el camino está haciendo enorme daño a miles de hombres y mujeres de nuestro Ejército, que a diario exponen su vida y la tranquilidad de sus familias para protegernos.

El problema, el verdadero problema, es hacer de cuenta que el problema no existe.

 

 

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