Caminando al cerro de Monserrate

Subir a pie este cerro se convirtió en una tradición bicentenaria desde que se fundó la capital de Colombia.

Cuando llegaron los primeros conquistadores españoles a la sabana de Bogotá, donde habitaban Chibchas y Muiscas, les llamó la atención toparse con dos enormes cerros: uno de 3.152 metros de altura que hoy conocemos como Monserrate y otro que es casi su hermano gemelo, al que después se le llamó Guadalupe.

El primero en poner cruces encima de estos cerros (Monserrate y Guadalupe) fue Gonzalo Jimenez de Quesada, cuando fundó Bogotá y posteriormente Juan de Borja, autorizó la construcción de la capilla en lo más alto de la montaña.

Desde el primer momento Monserrate se volvió un sitio de peregrinaje para todos los católicos que recorren este camino de 2.350 metros de longitud y 1605 escalones que conducen a la cima.

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El promedio de tiempo para llegar a la parte más alta es de 40 minutos a pie, aunque un deportista profesional puede hacer el recorrido en solo 20 minutos.

No solo los bogotanos o colombianos suben a diario a conocer la iglesia del Señor Caído después de recorrer el sendero; también lo hacen cientos de extranjeros que a diario se dejan encantar por este bosque de niebla que tiene gran cantidad de flores vivas, de todos los colores, y pájaros que habitan el cerro.

En los 481 años de Bogotá, Monserrate sigue siendo uno de los emblemas más importantes de la cuidad y algunos sugieren que es volcán dormido que custodia la capital.

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