Justicia en Colombia solo tiene un intérprete para sordos: está en Medellín

Un quindiano, de 47 años, desempeña este oficio con pasión, disciplina y dedicación permanente.

La sala de audiencia está lista, los guardias de seguridad están atentos a la llegada del juez; los abogados, acomodados en sus sillas, aguardan la instalación de la diligencia; hace calor y el silencio acompañará la jornada. Llega el acusado y lo sientan en el banquillo: es sordo. Al otro extremo del recinto están sus víctimas, también sordas, mujeres la mayoría de ellas, y en el grupo, menores de edad. Y a un lado del sordo, que se defenderá en un proceso judicial por el delito de trata de personas, está John, el intérprete.

Y aunque no era el Fiscal, tampoco abogado, ni el juez, la jornada para John en aquella ocasión fue extenuante, debido a que mediante señas, gestos, y movimientos corporales, comunicaba al procesado la acusación, y a su vez informaba a la defensa. Esa fue solo una de las miles de audiencias en las que ha estado sentado o parado, trabajando como intérprete de la justicia en este país.

Su apellido es Gutiérrez y las personas con discapacidad auditiva, no solo de Medellín, hacen fila para verlo; lo buscan ¡cómo no! de diferentes lugares del país, por tratarse del único intérprete que actualmente tiene la Fiscalía General la Nación para trabajar en estos procesos penales, para todo el territorio colombiano.

Pero, además, este hombre, de 47 años, al que le sobran ganas y paciencia, acompaña las jornadas de atención a víctimas que se hacen hasta en los lugares más recónditos de Colombia, porque la violencia no discrimina y también toca a las personas con discapacidades, como la auditiva, y, entonces, es ahí cuando John habla por ellos.

Es un apasionado con su oficio y dedicación laboral. Consagrado a esta misión, y es que 24 años después de haber aprendido el lenguaje no verbal, el de las señas, sigue en la misma disciplina, y, además, ha conseguido, y hasta le han sobrado pupilos con deseos de aprender, pero a mitad del camino desisten cuando, sorprendidos, detectan la dependencia que los sordos desarrollan por sus intérpretes.

John nació en el Quindío, donde tuvo que decidir entre sembrar café o prestar el servicio militar. Optó por la vida militar, pasó 6 años en la Armada, se cansó de esta rutina, y en 1994 empezó a trabajar en el CTI de la Fiscalía en Bogotá.

Recuerda que se paraba en la Caracas con 39, y desde allí veía que todos los viernes pasaban por ese lugar personas con discapacidad auditiva. Un día, llevado por la curiosidad, se motivó y decidió unirse a aquella caravana llena de gestos y además, señas y narrativas diferentes. Descubrió que se reunían en la Sociedad de Sordos y, hoy recuerda que, en ese momento, se estrelló de frente con su misión, ser puente para esta comunidad. En su trabajo de hoy en la Fiscalía, ese puente comunica garantía, defensa y justicia.

Desde que se levanta está siendo útil. Debe estar en la oficina a las 8 de la mañana pero a las 6 am ya está cumpliendo citas porque su labor, dice, es social. Ha entendido la necesidad del otro y se complace en satisfacerla. También acompaña en trámites de visas, en entrevistas de trabajo y hasta aconseja en las más acaloradas pero silenciosas peleas. Lo buscan a las 2 de la mañana, lo buscan los domingos: de él siempre reciben una seña afirmativa como respuesta.

“Casi siempre salgo de mi casa para otra casa, para un parque, para una cita; ayudo a hacer derechos de petición, acompaño a Colpensiones a quien ya tiene semanas cumplidas. Siempre salgo a las 6 de la mañana para otro lugar, luego llego a la oficina y allí siempre hay algún quehacer… aquí llegan las personas sordas buscando ayuda”, relató a través de Caracol Radio.

Apoyo familiar
Su esposa, que también trabaja en la Fiscalía, lo apoya; sus dos hijos, Santiago y Alicia, han aprendido de su padre y a la puerta responden con señas cuando deben anunciar que esta vez John no está en casa.

Ha recibido 3 importantes reconocimientos de la Fiscalía, en el 2009 por ejemplo fue premiado como el mejor investigador del año en el proceso de trata de personas en el que el acusado era sordo al igual que sus víctimas.

Tiene claro y confirmado que esta misión es la suya. Actualmente vive en el municipio de Bello pero si en Manizales un sordo es acusado su número es el primero que marcan, o si la víctima está en Cartagena, hacia allá se dirige, considera que allá debe estar.

“Yo pude elegir ser intérprete en la universidad, en el arte, de otras cosas y es que casi nadie es intérprete jurídico, soy el único en la Fiscalía porque esto es más de pasión, ha habido muchos directores del CTI que piden capacitar personal pero en la mitad del camino declinan los aprendices porque hay que hacer gestos señas, porque esto no es solo expresión manual, es de mucha exigencia y dedicación, hay que estudiar todo el día, todos los días y porque los sordos generan una especie de dependencia con los intérpretes y por eso muchos deciden no continuar; yo semanalmente estoy viajando a diferentes lugares del país, llego a donde me necesiten”, añadió el señor Gutiérrez.

Además, Medellín es la única ciudad del país que tiene intérprete en el Centro de Atención a Víctimas (CAV), lugar que sólo recibe denuncias de mujeres, pero, como toda regla tiene su excepción, en este caso es la oficina de John la única a la que llegan hombres que, a través del lenguaje de señas, buscan acceder a los servicios judiciales, a la justicia.

Es bien sabido que Colombia tiene muchas culturas, en cada región tienen expresiones propias y si con el lenguaje a veces nos cuenta entendernos, con señas es todavía más compleja la comunicación.

Este intérprete estudia, indaga, se prepara, según la ciudad o cultura, porque sabe que con un solo movimiento equivocado puede poner en riesgo la libertad o el patrimonio de otra persona que esté siendo procesada.

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