“Restaurante Interno”, la segunda oportunidad de las reclusas de San Diego en Cartagena

En la cárcel de San Diego, se abrió el primer restaurante dentro de una penitenciaría en América, que será atendido por las mismas reclusas

Karen Paternina Benítez es una interna de la Cárcel Distrital de Mujeres del barrio San Diego en Cartagena. Tiene siete meses en el reclusorio. Y es ayudante de cocina del Restaurante Interno.

En plena penitenciaría, enclavada en el corazón del Centro Histórico de Cartagena, abrió sus puertas el primer restaurante ubicado dentro de un penal en América, atendido por las mismas reclusas.

Karen, y sus compañeras, estuvieron atentas a los primeros comensales en la inauguración, que se realizó este jueves en Cartagena, con la presencia de autoridades locales y de Johanna Bahamón, actriz y directora de la Fundación Teatro Interno, con la que llenó de esperanza a las reclusas, dándoles una segunda oportunidad.

“Es una iniciativa muy bonita para mí y para las compañeras. Yo soy ayudante de cocina. Acompaño a los chef, ayudo a picar, a cocinar, también hemos aprendido panadería y manipulación de alimentos”, cuenta Karen.

“Ha sido un proceso muy duro pero no es imposible. Es un proyecto que nos va a ayudar mucho a salir adelante, a sacar adelante a nuestras familias, y que no nos vean los demás, en un futuro, como un peligro, sino como unas personas que tienen una nueva oportunidad”, apunta Paternina Benítez.

“Segunda oportunidad”. Karen no deja de repetir esa frase. Eso es lo que para ellas significa el Restaurante Interno. “Nosotros creemos en las segundas oportunidades, en que tenemos derecho a ellas”, dice Karen.

“Estudiamos cuatro horas, hemos aprendido de cocina, de cultivar en la huerta, de panadería, que son los cursos que nos han dado. Queremos que todo esto se llene bastante, que vengan muchas personas a probar nuestro menú”, comenta emocionada Karen.

En el menú destacan ceviche de pescado, arroz con coco, encocado de camarón, jugos. Funcionará a través de reservas, y ya han confirmado a su primer grupo de clientes, unos turistas canadienses que ya reservaron.

Pero la segunda oportunidad no es solo para ellas. También es para sus familias. “Yo soy madre, y me encanta la cocina, y vi aquí una oportunidad de aprender y de sacar a mi niño y a mi familia adelante, de tener mi propio negocio ahora que salga”.

En la cárcel también se pueden cumplir los sueños. “Mi sueño siempre ha sido tener un restaurante y una panadería familiar, y también brindarle oportunidades a otras personas, en ese restaurante. No se rindan, siempre va a haber una segunda oportunidad. Todos cometemos errores pero siempre hay oportunidades de salir adelante y de remediarlas”, concluye Karen.

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