Alexei en la calle

Mi experiencia con los "camisas negras" en la protesta camionera

He estado en todo tipo de cubrimientos de marchas y manifestaciones, pero nunca me sucedió algo como esto.

Como es habitual desde la madrugada, de lunes a viernes, recorro las calles de Bogotá en la móvil de Caracol Radio. En este medio lo hago hace cuatro años, pero como periodista profesional hace ocho busco historias y cubro todo tipo de casos en esta urbe capital.

He estado en marchas de estudiantes, de profesores, de trabajadores de la salud, de taxistas, de putas (así se llamaba la marcha), de vecinos inconformes por un hueco, de miembros de la comunidad LGBTI y de mujeres maltratadas. Estoy seguro que he estado en más movilizaciones que muchos manifestantes de profesión.

Pero el pasado 20 julio la historia me marcó. Eran las 10 de la mañana cuando llegué a la concentración de supuestos camioneros en el Playón de Fontibón, sitio conocido por ser parqueadero de tractomulas en la calle 13 con carrera 98, casi a la salida de Bogotá, epicentro del paro camionero en la capital.

Consciente de que los medios no eran bien recibidos por algunos de los manifestantes, decidí dejar la móvil en otro lugar y empecé a caminar para recoger los testimonios de las personas que participaban en la marcha.

Algo que me llamó la atención es que esta no era una movilización como las que anteriormente les mencioné. No. Desde un primer momento observé personas con camisetas y banderas negras, les pregunte por qué salieron a marchar, algunos respondieron que para apoyar a los camioneros, otros que porque les dolía la patria y otros no sabían que hacían ahí.

Todo transcurría pacíficamente hasta que la multitud llegó al puente que cruza la Avenida Boyacá sobre la Calle 13. Los manifestantes, que avanzaban por el carril occidente-oriente, ocuparon toda la avenida provocando a la Policía y al Esmad desplegados a la zona para evitar los bloqueos con los que amenazaron la noche anterior.

Se armó la batalla campal: piedras, palos y gases lacrimógenos iban y venían. Saqué la herramienta de trabajo con la que grabo audios, tomo fotos y hago videos: mi celular.

Recuerdo haber grabado a varios de estos "camisas negras" robando llantas de los talleres de la zona, a las que rociaban con gasolina y les prendían fuego que atizaban con palos y ramas. De inmediato, el paso en ambos sentidos quedó interrumpido. El caos era total.

Ya tenía material para hacer un informe y para enviar fotos y videos, pero en el momento en que me desplazaba hacia la Avenida Ciudad de Cali para salir de la zona, que con el paso del tiempo se volvía más peligrosa, escuché que un hombre gritó "ese mono es de la Sijín" y, en segundos, una turba de hombres, mujeres, jóvenes, viejos, con camisetas y banderas negras estaban encima mío.

Lo primero que sentí fue un golpe en la cabeza, les grite que no era policía. Como pude saqué mi credencial de prensa pero fue peor, esta masa de gente envenenada por el odio me decía que entregara el teléfono móvil donde tenía los videos y las fotos que recién había tomado de la marcha.

Me quitaron el celular, pero antes me obligaron a borrar todo lo que había hecho. Mientras esto sucedía forcejeé con uno de mis agresores para que me devolviera el teléfono y en un descuido recuperé el aparato.

Por un momento se me pasó por la cabeza que iba a morir linchado, recibía golpes por la espalda, ninguno lo hizo de frente, una señora me chuzaba los riñones con un palo de escoba. Poco a poco, con ayuda de un camionero que en días pasados había entrevistado, logré escapar de esta montonera.

Hoy sigo haciéndome dos reflexiones de esta experiencia: la primera, cuál debe ser el papel, la postura de un medio de comunicación o líder de opinión frente a cualquier coyuntura versus el trabajo de los reporteros en la calle; y la segunda, hasta dónde podrá llegar el odio que siembra una ideología política aprovechándose de las necesidades de la gente para promover el caos.

PD: Por razones obvias quedo debiendo en esta entrega las fotos y los videos. Solo se salvaron estas imágenes:

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